El Jardín de Academos

Cuaderno de Crítica y Poesía

Poemas inéditos de Magali Alabau

magalialabau-uregueiroConversando recientemente con un amigo, me confesaba que él reconoce la poética de un autor por la sintaxis, hay un saber decir personal en el creador que ha alcanzado una forma propia de enunciación. Yo le comenté que cuando leo a un poeta le doy importancia a los elementos morfosintácticos, pero también a los léxico-semánticos. De todo ello hay en la poesía de Magali Alabau, y lo mejor es que en sus versos escasea el artificio; el saber decir, el ritmo, la sintaxis adquirida es savia natural en ella, sangre transcurrida, pulsación viviente, borboteo arterial.

En estos 4 poemas inéditos que Alabau cede generosamente para presentarlos al lector de Nombrar las cosas, está gran parte de sus intereses líricos y sus temas de creación: el mito, el erotismo, la cotidianidad, el ambiente doméstico, el lenguaje, el vandalismo, lo mortuorio, el desarraigo. Pocas veces he visto que en un escritor la yuxtaposición, el asíndeton o polisíndeton tengan tanta significación y valor. Las enumeraciones de nuestra autora son galerías de símbolos donde, al mismo tiempo que nos entregan el presente fragmentado, aparecen y se reconstruyen nuestro propio rostro y nuestra miseria compartida. En su (des)orden, en su (des)ajuste, en su inventario del caos, del logos, respira todo el universo. Del tenedor damos el salto al espacio estelar, “del cacharro doméstico a la Vía Láctea”.

I

dionisos

En el poema Extranjero que inspiras locura, la enumeración sirve para invocar al dios griego, semejante a los himnos homéricos o de la lírica arcaica, como queriendo alcanzar la medida exacta de Dionisos y sus misterios, al pronunciar su verdadero nombre, su genealogía, sus atributos. En busca del concepto preciso, como en toda su obra poética, Magali indaga en la figura de Lieo. La cercanía de Bromio está en su inclinación sobre el cristal, en la botella de vino que sostiene. El dios se muestra como un joven de erotismo desbordante y el poema termina con el descuartizamiento, el sparagmós que es una de las partes del ritual báquico. Teatro y poesía reaparecen conjugados una vez más en la obra de Alabau:

Extranjero que inspiras locura

Inspiras
éxtasis
Dios del teatro,
Eleuterio, extranjero, el que libera,
hijo de Sémele y Zeus,
biznieto de Afrodita.
También hijo de Zeus y Perséfone.
Hermes ordenó tu subsistencia.
Las ménades formaron tu séquito.
Ritos religiosos místicos misterios.
Piel de zorro en la iglesia de Eleusis.
Gato blanco salvaje.
En la noche y en la nieve se asoma a la ventana.
No deja de tocar el vidrio.
Es sordo. Es joven.
Se presenta con su botella de vino
y uvas frescas.
Con fruición lamo su cuerpo.
Criado en la lluvia
es toro, serpiente y hiedra.
Extranjero en Creta
Salen de su sexo panteras blancas.
Cristo del consabido mundo.
Cambia el agua por vino.
Dionisos montado sobre un asno.
Magnánimo animal,
arrancaron tu piel
con dientes, palos y machetes.

Magali/abril 2013

II

En Sueños confundidos, está la segunda persona, la dialogicidad de Alabau, tan importante en su poesía. El sueño se funde con lo histórico y con la muerte (hypnos, thánatos y Clío): a partir de unas fotos antiguas aparecen la fabulación de un crimen, el ambiente mortuorio, lo tremebundo; otro de los núcleos temáticos de la autora. La violencia surge en estos versos como un cuerpo multiplicado, como un músculo interminable a lo largo de la historia. Es el asesino, el carnicero que reencarna en todas las tierras, en todas las épocas. El eterno criminal sin definición, sin sexo, pero siempre cerca:

Sueños confundidos

¿Sueños confundidos
o trazos de historia
no documentada?
Fotos personales
tomadas  por un viejo polaco
en las ruinas
de tu casa
o la que fue tu casa.
Fotos encerradas en alguna caja sucia
cerca de un cuerpo que terminó en un hoyo.
Las puertas fueron tumbas del silencio.
La fosa puerta charco agua.
Entre el charco y el crimen, la mentira.
¿A cuál aludir primero?
Tapando los muros,
las hormigas se esconden en el hueco.
El crimen puede ser un cuarto ensangrentado
o una siniestra escalera para arrastrar los cuerpos.
Los cuerpos son tan duros,
hincados van sobre el concreto,
sin peligro ya,
sin miedo por atrasar la ruta.
¿Cómo extraer el último ay
de ese sorprendido tiro en la cabeza?
¿Cómo creer que en la tierra bendita
existan tantos terribles incidentes?

La tierra seca, amarilla verdosa, disecada por
las heces de los siervos y las liebres,
lubrican el terreno.

¿Cómo pensar que de repente
el demonio vestido de uniforme
multiplicando rifles y soldados
sea capaz de tanto?

Las prisiones siempre han sido frías morgues
con hombres o mujeres
que revelan la única naturaleza
del universo en pleno.
Qué han de importar las galaxias,
los colores y hallazgos, las distancias,
si existen lugares
donde se agolpan y ajustician
las víctimas de esta dinastía.

Yo no sé su nombre.
Se reproduce y aparece en toda época.
Es omnisciente, todo lo ve y todo lo oye.
Es un carnicero.
Aprendió su oficio
afilando cuchillos, y de un golpe,
arrancando hocicos a los cerdos,
restregándoles sal en las heridas.
No sé si es uno o muchos.
Se trata de una dinastía de órdenes
donde la palabra compasión o verdad
no se conoce.

No sé qué nombre tiene este visitante
tan famoso
que engaña
y su belleza nos deslumbra.
No sé si es él o ella.
Solo referencias aprendidas saboreando
dolor y testimonios.

Magali/ marzo 2013

III

Buscamos el orden nos adentra en el ambiente doméstico, en el lenguaje: cruzamos entre un verso y otro, de la cocina al libro. Las referencias a ciertos procedimientos burocráticos de los tiempos modernos son frecuentes en la poesía de Alabau, en este caso se habla de cuentas bancarias,hemos-llegado-a-ilc3adon_ebook_pc3a1gina_01 de cheques, pero en otros libros aparecen papeleos, cuños, pasaportes y el banco como entidad monetaria.

El protagonismo que alcanzan los objetos, su independencia, la sublevación del entorno casero, cierta naturaleza muerta en el ambiente doméstico, la pretensión de un orden, de una geometría en las cosas, en la exacta posición de ellas me recuerdan a veces a algunos pasajes de la novela Desde los blancos manicomios de Margarita Mateo Palmer. En la poesía de Alabau la personalización vivificante de los objetos es primordial, es parte de un entorno y una mirada esquizoide: las vasijas, la ropa, los elementos domésticos se confabulan entre ellos, contra el hablante. Pero en este poema específico se prioriza el asunto del (des)orden, la (im)perfección y la (in)estabilidad, vistos en la limpieza y organización del hogar o en su negación. La pulcritud es aquí un modo de espantar la soledad, las moscas amargas del abandono; es la forma de mantener el sentido aunque alguien se ausente, porque “el orden me recuerda tu rostro”.

Pero al mismo tiempo el desorden es esa forma anárquica y liberadora de entender y asumir la existencia, de borrar ese rostro de la memoria que  además “me recuerda tu envidia”, de desmilitarizar la vida, de desentenderse de las instituciones tanto artísticas como políticas y económicas. Es en ese sentido que la enumeración en el texto encarna el caos, la libertad, el desorden diario, la acumulación de papeles, lecturas, vasijas, la omisión del tiempo.

En la parte final del poema, dicho orden se vuelve recuerdo de una vida dictatorial, estéril de algún modo. El orden es la manera de mantener la tiranía del ausente, el recuerdo impositivo del otro, pero es un orden necesario, añorado y también detestable. Buscamos ese orden, un orden autoritario que simultáneamente nos aclara y nos anula. “El orden, un contrato”, y todo contrato tiene sus cláusulas, sus intereses, su letra pequeña:

Buscamos el orden

El orden, un contrato.
Los papeles con papeles.
La poesía debe ir con la poesía.
El libro encima de la cama se mira con molestia
pero un tenis,
o un vaso con agua,
o un tenedor,
oh no, si eso sucede
mejor es que te detengas
que retires inmediatamente la incongruencia.
No debe estar ahí
pero está.
Libros en desorden, fustigados.
¿Y las plumas?
una anda en la cartera y la otra
detrás del salero abandonada.
En la cocina los trastos
se mezclan con el aire.
Producen olor de días calurosos.
Un poco ansiosa
porque hasta ahora el orden fue mi vida,
una filosofía razonada.
Entrar en una casa y exclamar todo es tan perfecto.
Pasear por el museo y sonreír pensando
que tan equilibrado y bien planeado.
¿Qué sucedería
si el orden desistiera?
Primero, las moscas.
Se colarían no sé por dónde.
No hay ventanas abiertas
pero saldrán del basurero.
Se criarán en la comida que dejaste
en un plato de cartón.
Vivir en la inclemencia.
Vivir con la tinta
y el papel,
matar el orden.
Nadie comprende
por qué aún no he leído sus libros,
sus novelas,
sus ensayos,
por qué no respondo a las llamadas
ni a las cartas.
Nadie sabe que el desorden,
ese marasmo de desarticulaciones
de cuentas,
de mandados,
de listas,
se acumula.
Conciertos
sinfonías y cuartetos
se pudren.
Tantos cheques por cambiar y que no cambio.
Tantas cosas por decir a los vampiros
que no digo.
Dejar ir los billetes,
dejar sueltas las monedas en el suelo.
Sin monedas ni billetes
puedo trasladarme a Alejandría.
Saludar a Hipatía,
tocar la nariz a los camellos.
El orden me dirá el hocico.
Sin orden no tengo que contar el tiempo.
No compito con las bellas artes.
Sigo lo que diga mi acabado yo,
lo que diga mi deseo en las tinieblas.
El orden me recuerda tu rostro.
Me recuerda tu envidia.
Me recuerda tu labio manchado por la burla.
El orden me recuerda tu puntualidad.
Las horas en su sitio.
La ropa preparada de antemano,
colocada en una silla, planchada,
lista para mañana.
El ticket de la guagua.
Hasta la taza en espera del café
o ese desayuno servido
sin variación y estéril
en ese sitio llamado Puerto de la Autoridad.
El orden tiene su lenguaje,
el de las órdenes,
el de los militares,
el del control y la factura.
Prepara su uniforme
y el castigo.
Se transporta con bombas sin pilotos.
Arrasa porque es estricto.
Ve las cosas en grandes cantidades
al por mayor y en dos colores.
Todo lo que guarda es útil.
No hay plantas en su departamento
ni un perrito
y si acaso tiene algo
es un pájaro enterrado en una jaula.
Esa costumbre del orden,
ese encargarse de todo,
de poner rejas a los descubrimientos,
investigar a las vacas, sacrificar los terneros.
A todos nos encierra en un cuadrado
el nuevo orden del mundo:
perfecto, pura geometría,
lo demás
hay que botarlo.

Magali/2013

IV

Si en el primer poema (Extranjero que inspira locura) la enumeración busca nombrar al dios, llamarlo por sus atributos y su genealogía,  y enwvg_chambre-arles el tercero (Buscamos el orden) la yuxtaposición encarna la oposición orden-caos en el ambiente doméstico, en Un día tan largo la enumeración persigue definir al individuo, al sujeto lírico en su espacio cotidiano. Personaje que camina por la sala, que se describe en su entorno casero, observando el invierno desde la ventana, las ramas que son al mismo tiempo el otro lado y el reflejo del yo poemático.

Un ser incompleto, que espera interminablemente, que guarda el “monedero” por si llega el ladrón, por si es verdad la “corazonada”. Habita un espacio que fue lugar de un crimen, y vuelve así la autora al ambiente mortuorio, criminal, homicida, sanguinolento que ya veíamos en Sueños confundidos. El personaje lírico no cambia nada de sitio, mantiene el (des)orden terrible, la vorágine del crimen que ha de permanecer imperturbable, la escena del siniestro intacta. Nótese la diferencia del caos liberador en Buscamos el orden (opuesto a la disciplina tiránica y militar) y el caos del siguiente poema, que se vuelve orden escénico de un asesinato:

Un día tan largo

A las cinco me duermo.
Este cuerpo extraño qué es durante el día,
gestos sin terminar,
rosario que comienza
y no termina.
Vaso de agua que no intenta
ahogar ninguna pena.
Luna llena de coyotes,
platinada noche
con estrellas que aúllan.
La oreja en la ventana,
las ramas desnudas, esqueléticas
de invierno me amedrentan.
Cortinas cerradas,
entre el miedo y el deseo,
pasa la noche.
Camino por la sala,
coloco el teléfono muy cerca,
por si acaso.
Aquí no hay ninguna alfombra azul manchada
ni sangre en las almohadas.
Guardo el monedero
por si el ladrón llegara
así y todo, esta corazonada,
este olor a gasolina,
luego a nada.

Los días pasan,
las noches no.
Se agrietan los muebles.
Cada uno de ellos me recuerda
el sabor del basurero.
¿A quién le importo?
A nadie,
a nada.
Ni a la tierra
ni al mar,
ciudadana prestada.
No hay espejos.
Ahora y siempre espero.
Las palabras contestan,
insinúan,
me despiertan.

La víctima, atenta y servicial
fue golpeada brutalmente
en pleno día.
La herida le abrió el cráneo,
milenaria vasija
de ofuscados pensamientos.
En el sótano
había sangre todavía en el piso.
Un piso de cemento muy limpio a pesar del espeso
rojo líquido incrustado.
En un latón de basura
encontré una media de señora hecha pedazos.
Ripio estrangulado en el cemento.
Noche larga imaginando qué hacer
con el peso del día.
Lo vio guardando un martillo en la maleta.
A una mujer de medio peso, al pasar por su lado,
le arrancó la cartera
¿Un buen samaritano?
¿Asesino depravado?
Horas aburridas cavilando.
Me encomendé yo misma a visitar el cuarto.
Floreros, un raro altar de confederación de muertos y de velas.
Lo único vivo es un pájaro enjaulado.
Reguero del siniestro… ¿salvar al pájaro?
Definitivamente no,
Es imprescindible
no perturbar el escenario.

Magali/ abril 2013

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Un comentario el “Poemas inéditos de Magali Alabau

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Esta entrada fue publicada el mayo 2, 2013 por en Autores, Crítica, Tradición clásica, Tragedia griega.
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