El Jardín de Academos

Cuaderno de Crítica y Poesía

Gertrudis Gómez de Avellaneda: “una mujer insigne”

Tengo el gusto de presentar al lector de NLC este artículo de la pionera del feminismo español Concepción Gimeno de Flaquer sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda, publicado en El Álbum Ibero Americano No. 21 el 7 de junio de 1891 en Madrid. Más que plantear el asunto sobre la nacionalidad de la autora hispano-cubana, el artículo es un alegato en defensa de la mujer, de la artista, de la literata en general, con una valentía y una fuerza que aplasta todos los comentarios y juicios patriarcales de la época en contra de la dramaturga, poeta y novelista nacida en la isla de Cuba.

Avergonzado se sentiría el Martí que declaró “[n]o hay mujer en Gertrudis Gómez de Avellaneda: todo anunciaba en ella un ánimo potente y varonil” al leer los argumentos aplastantes de Gimeno de Flaquer. Avergonzados todos los contemporáneos envidiosos que se burlaron de ella al ver este alegato: José Fornaris, Luis Fernández Guerra, Ángel Mestre y Tolón, Bretón de los Herreros… Avergonzado Cintio Vitier que reproduce gran parte de las limitaciones patriarcales de José Martí.

Para mayor vergüenza, Gimeno de Flaquer parte de esa ambigüedad que ellos critican, de esa rudeza de la que se burlan para configurar su defensa, para desajustar ese pensamiento retrógrado en un mundo en que las mujeres cada vez son más independientes.

Al declarar la articulista hispana que el genio de la Avellaneda  es “bisexual”, y al hablar de la delicadeza en la obra de algunos escritores del sexo masculino, nos presenta “lo femenino” como universal, como elemento inherente al ser humano, al igual que “lo masculino”. Digamos que por medio de esa nomenclatura  positivista, polar, limitada, Gimeno de Flaquer intenta expandir conceptos, desajustar límites, falsos moralismos, prejuicios y concepciones erróneas. “Lo masculino”, lo encerrado bajo ese rubro, es en la mujer virtud. Ni todo hombre es un Aquiles, ni toda mujer es pura delicadeza, hay hombres refinados y débiles (sin que ello sea un defecto) y mujeres con un temple de héroe épico. La crítica pone sobrados ejemplos de todo ello en su texto.

Las palabras de la articulista son actualmente profecía cumplida: Gertrudis es hoy un norte moral, literario, intelectual para el mundo hispanoamericano; mantiene una vigencia que pocos autores decimonónicos poseen, del sexo que sean. Y algo más: estos párrafos de exigencia y denuncia siguen hablándonos hoy también, tienen cierta vigencia que nos debiera avergonzar.

Debo aclarar que he respetado la ortografía del siglo XIX del texto. Las frases señaladas en negrita son énfasis mío.

Quiero, además, dedicar esta entrada a Milena Rodríguez que, de haber vivido a finales del siglo XIX, hubiera firmado líneas semejantes. Ya lo ha hecho desde nuestro tiempo. Sé que le agradará conocer este texto.

UNA ESPAÑOLA INSIGNE

NADA debiera ser tan satisfactorio para una mujer, como ensalzar los esclarecidos talentos de otras mujeres.

¿Por qué la carcoma de la envidia ha de roer tantas veces los cimientos del pedestal de nuestras glorias, hasta desmoronarle?

Tristísimo, desconsolador es que así suceda, y sin embargo, como en España la envidia es una pasión nacional, se prefieren perder muchos laureles antes que encumbrar á quien merece estar encumbrado.

El incienso quemado en aras de los demás, nos asfixia; y no nos asfixia el incienso quemado en nuestros propios altares.

Los españoles somos pájaros lucífugos, nuestras débiles pupilas no pueden soportar los resplandores de una aureola ajena.

Gertrudis Avellaneda es el astro más resplandeciente del Parnaso femenino. A excepción de Teresa de Jesús, la insigne doctora de Avila, que brilló en el afortunado siglo xvi, siglo de Lope y de Cervantes, no se conoce en la historia de nuestra literatura una escritora más insigne que la ilustre Avellaneda.

España ha sido afortunada en mujeres eminentes: nuestros fastos literarios están esmaltados con los nombres de Oliva Sabuco de Nantes, célebre filósofa; Teresa de Cartagena, Beatriz Galindo, Francisca de Nebrija, Isabel de Vergara, Lucía de Medrano, María de Zayas, Ana Caro, Feliciana Enríquez de Guzmán, Vicenta Maturana y otras muchas notabilísimas, pero todas inferiores á la autora de Alfonso Munio, Saúl y Baltasar, obras que han sido colocadas á la altura del Pelayo de Quintana, el Edipo de Martínez de la Rosa y la Virginia de Tamayo.

En todos los países han brillado mujeres que han dado lustre á su sexo, lo mismo en la antigüedad que en los tiempos modernos.

La hija de Cicerón (Julia), la hija de Craso (Licinia), y la madre de los Gracos, se distinguieron como oradoras muy elocuentes; Cornelia Morelia y María Fernández fueron coronadas en el Capitolio, y sin embargo, la gloria de éstas es inferior á la de nuestra Avellaneda.

Tengamos presente que uno de los mejores prosistas ha sido una mujer, George Sand: uno de los mejores poetas Mme. Valmore; uno de los primeros pintores Rosa Bonheur, y uno de los primeros trágicos, líricos, dramáticos y novelistas, Gertrudis Gómez de Avellaneda.

La Avellaneda escribía un drama con la facilidad con que Mme. de Chatelet componía un tratado de álgebra.

Pocos poetas han dado al teatro, cual la Avellaneda, seis producciones notables en un mismo año.

Esta escritora rivaliza en sus tragedias con las obras maestras de los clásicos, y en sus poéticas leyendas con los grandes maestros de la literatura fantástica, Hoffmann y Puckin.

Uno de sus críticos ha dicho que el Baltasar de la Avellaneda es más vasto, más trascendental que el Sardanápalo de Byron.

Tanto nos honra la Avellaneda con su gloria, que los hombres han querido usurpárnosla para el Parnaso masculino. En una galería de poetas españoles han incluido á la Avellaneda, bajo pretexto de que no es poetisa, sino poeta.

Yo opino que es las dos cosas á la vez: que su genio es bisexual.

Si como poeta asombra su pujanza, como poetisa encanta su ternura. Sus versos tienen la robustez del numen masculino, como llevan impreso el sello de una delicadeza femenina las creaciones de Lamartine, Michelet y Alfredro de Musset.

La Avellaneda es poeta sin perder las facultades afectivas de la mujer. Admira en ella el brío, la concisión, la entereza y el desenfado del gran poeta, y encanta la flexibilidad de la escritora eminente: es tierna y dulce sin ser almibarada.

portada album ibero americanoEl estilo de la Avellaneda es grandilocuente, los giros de su pensamiento valientes y originales: guarda gran respeto al idioma y es erudita sin afectación. Hércules por su inteligencia, es sensitiva por su corazón: su talento tiene una extensión ilimitada.

Cuatro mil años pasarán sobre Gertrudis, y conservará, sin embargo, la juventud de la gloria y la inmortalidad. Las ciencias, las artes y la literatura le consagrarán una página de oro, pues ciencias, artes y letras cultivó con éxito igual.

No existió dificultad que ella no venciera; dotada de espíritu viril, de carácter enérgico, de firme decisión y poderosa voluntad, llevó á cabo las más altas empresas.

¡Qué valiente inspiración, qué grandioso ritmo en la palabra, qué severidad en el pensamiento, qué lujo de imaginación podemos admirar en La Aventurera, magnífica creación de Gertrudis!…

La Avellaneda es fisiólogo, anatomista, filósofo, poeta bíblico, dramático y épico: es el Miguel Ángel de nuestro sexo, aquel ser extraordinario á quien se le atribuyeron cuatro almas.

La tumba de Gertrudis no es el limitado terreno que tiene señalado un panteón; Gertrudis tiene un monumento mejor que los soberbios mausoleos de los potentados: su glorioso monumento es la memoria de los hombres.

Sirvan estas líneas de emulación para que las mujeres inteligentes se consagren al estudio.

Ha dicho Navarro y Rodrigo: «Quien teniendo genio le deja sin producir, es peor que el avaro, peor que el propietario que no quiere aprovechar sus más fértiles terrenos; por la misma razón que las obras del genio valen más que los tesoros que no utiliza el avaro; por lo mismo que los productos de una elevada inteligencia van á alimentar las almas, y que los productos de la tierra dan sólo el pan material á nuestra vida.»

Si la mujer no cultiva su inteligencia no dará al mundo obras tan útiles como los notables tratados de educación escritos por Carolina de Barreau, Paulina L***, la Marquesa de Lambert y otras muchas.

¡Ilústrese á la mujer, porque es el alma del mundo! Si la mujer recibe una ilustración semejante á la del hombre, se comprenderán mejor, no habrá distancia moral entre ambos y quedarán equilibrados.

¡Cuan hermoso es este equilibrio! La fuerza moral del hombre y la mujer será igual mientras reciban la misma educación.

La envoltura carnal no es obstáculo para la inteligencia. Nada importa que nuestro organismo sea más débil que el del hombre. Platón, Pope, Alarcón y otros, tenían raquítica figura, débil complesión (sic.) y titánica inteligencia.

No temáis que nos perjudique la cultura del espíritu. Las mujeres de preclaro talento, es decir, las Aspasias y Cerinas, pueden atesorar las virtudes de las Lucrecias, Cornelias, Porcias y Susanas.

¡Instruid á la mujer!

El respetable académico Leopoldo Augusto de Cueto nos dice lo siguiente: «No hay indicio más claro de que las civilizaciones han llegado al apogeo relativo á que están destinadas en los arcanos de la Providencia, que ver á las mujeres confundirse con los hombres y emular con ellos, en las gloriosas contiendas del pensamiento y la inspiración».

Nada más útil que una instrucción sabiamente dirigida. La mujer no está siempre destinada á ser una pintora célebre como Catalina Querubini, individua de tres academias; una escultora notable como Luisa Roldan; una distinguida grabadora, cual Diana Mantuana; una reputada actriz cual Adriana Lecouvreur; una célebre pianista cual María Bigot; pero ésta no es una razón para que se le prohiba cultivar sus aficiones y facultades intelectuales.

No todos los hombres están llamados á ser Alejandros, Licurgos, Aníbales, Cicerones y Lopes; más (sic.) cada hombre tiene cien caminostula en el álbum ibero americano abiertos para elegir el que más le plazca.

¡Felices los pueblos en que la mujer cuenta con recursos para atender á su subsistencia, adquiridos por medio de un trabajo noble que la enaltezca!

En Suiza, la contabilidad y la teneduría de libros se halla fiada á las mujeres; en Londres muchas oficinas de telégrafos se hallan servidas por ellas, y en Francia y los Estados Unidos hay para las mujeres cargos decorosos y lucrativos.

¡Bendito sea ese progreso que tantos cataclismos evita!

Los periódicos daban cuenta no há mucho tiempo de que una doctora en Medicina se halla al frente del hospital de mujeres en Londres; de que otra dirige el hospital Birmingham, con un sueldo anual de 7.000 duros mensuales.

Quedará demostrada la conveniencia de que la mujer se dedique á curar las enfermedades de las mujeres, si se piensa en lo mucho que sufre el pudor de éstas al ponerse en manos de los médicos.

La mujer debía curar las enfermedades de su sexo y las de los niños.

Educad á la mujer cual se la educa en las escuelas mixtas de otros países, y sobresaldrán en ellas las brillantes aptitudes que posee.

Ella tiene en el fondo del alma un valor moral que resplandece menos que el valor cívico del hombre, pero que en algunas situaciones es más útil.

En muchas circunstancias ha igualado y aun superado en heroísmo al hombre. Antonieta Adams, llamada el caballero Adams, fué tan valiente, que hecha prisionera, la fusilaron de pie por respeto á su valor. Jimena Blázquez, en el año 1110, defendió con sus hijas la ciudad de Avila, obligando á los musulmanes á levantar el sitio.

Epicaris fué mujer de tanto carácter, que sufrió mil tormentos y se dio muerte antes que descubrir los nombres de sus cómplices en la conjuración contra Nerón.

Cuando el temor á los déspotas hacía enmudecer cobardemente á los filósofos y los poetas romanos, la poetisa Sulpicia tuvo el arrojo de emplear con varonil vigor las agudas y envenenadas armas de la sátira contra el emperador Domiciano, en defensa de su marido.

Las mujeres suliotas, antes que verse deshonradas, prefirieron despeñarse, abrazadas á sus hijos, y sucumbir en insondable abismo. La historia nos da cuenta de muchas heroinas (sic.) semejantes á las suliotas, entre las cuales no podemos olvidar á las saguntinas.

La mujer española tiene templada el alma para todo lo extraordinario, grande y sublime: despertadla de su marasmo, y pondrá en ejercicios sus relevantes cualidades.

Los resplandores que irradia la gloria de la Avellaneda, son suficientes para iluminar á nuestro sexo.

El mejor homenaje que podemos tributarle, será seguir la brillante estela que su genio nos ha dejado.

Intentémoslo hasta donde nuestras fuerzas alcancen.

CONCEPCIÓN GIMENO DE FLAQUER.

TOMADO DE: El Álbum Ibero Americano. Año IX, nro. 21, segunda etapa. Madrid, 7 de junio de 1891, pp. 242-243.

OTROS ARTÍCULOS SOBRE EL TEMA:

Milena Rodríguez. Partir/Marchar(se): el No femenino en la poesía cubana del XIX y del XX. Gertrudis Gómez de Avellaneda e Isel Rivero.

Yoandy Cabrera. Poesía femenina de dos siglos.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada el junio 2, 2013 por en Autores, Crítica.
A %d blogueros les gusta esto: