El Jardín de Academos

Cuaderno de Crítica y Poesía

´La hermana´ de Magali Alabau

Abbott Handerson Thayer, The Sisters, 1884

La lírica de Magali Alabau es hoy evidencia clara de su ineludible vocación por la palabra. Que regrese yo una y otra vez a su poesía, por varios caminos y a causa de distintas razones, me permite reconocerla con seguridad como una de las voces más singulares y atendibles de la poesía de todos los tiempos. Hay un impulso en su verso que nos remite a la más genuina y primitiva inspiración. Alabau escribe desde la sombra hesiódica, desde el caos toegónico y creador.

Mi interés en su obra comenzó a partir de su relación con ciertos motivos grecolatinos, de su relectura sobre mitos como el de la casa de Atreo y los Nostoi griegos. Pero nuestro intercambio por e-mail y por las redes sociales me ha permitido asomarme a una de las almas más atractivas y altruistas que he podido conocer en muchos años. En un mundo donde la mezquindad, el rumor y la mala leche se expanden y están al día, Magali cree en la bondad del ser humano, apuesta por el talento del recién llegado, y apoya al desconocido con un instinto y una fe que recuerdan a la hospitalidad arcaica, así como a los rituales antiguos y más fervorosos de la historia de la humanidad.

La verdadera amistad es siempre un ritual mistérico.

Alabau vive transida por una magia en derredor que es eco de su propio mundo interno. Las amargas experiencias, la vida dura en el exilio no han hecho menguar una dulzura y bondad naturales de la que soy testigo.

Hoy releo con gusto Hermana (Betania, 1989) y comparto uno de sus poemas, el fragmento inicial, con esta imagen que a la propia autora le pareció sugerente y oportuna para ilustrar su texto.

Otras vez, en NLC, la poesía siempre oportuna y aplastante de Alabau:

Vamos a recorrer los cuartos en los que anduvimos

juntas

las casas,

las sombras,

la noche, el mosquitero,

los zumbidos. También la madrugada

y los patios.

Había dos patios, uno grande donde las gallinas

y las chivas y el perro caminaban,

había el cementerio verde

donde entre dos o tres matas de clavel

nacían ajos.

Había una ventana y mirábamos

y de ella al patio un tramo.

Imaginemos un autobús

solitario que nos pasea entre los cuartos.

La sala,

entramos. Se esconden las caras al vernos llegar.

El sillón dando vueltas. Nos sentamos.

Lo imaginamos de carrusel y polvo.

Abrimos la ventana y la otra ventana

y cerramos las ventanas.

Los muebles son negros.

La mesa tiene mantelitos bordados.

Observamos los muñecos,

la bailarina, el elefante,

la jirafa y los tres reyes mosqueteros.

La peluquería improvisada, los cepillos,

la acetona, los algodones,

el pelo cortado en el piso es la alfombra,

los espejos, tú y yo.

Los bombillos arriba y te digo:

no enciendas la luz, las cucarachas bailan,

los patines tirados, dos de un mismo pie.

La saleta guarda los fantasmas

que se esconden detrás del sofá y el radio callado

dice que es de noche.

[…]

Magali Alabau

ENTRADAS SOBRE MAGALI ALABAU EN ESTE SITIO:

Poemas inéditos de Magali Alabau

Mito y doble en Electra Clitemnestra de Magali Alabau

VIII Orestes

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Esta entrada fue publicada el julio 21, 2013 por en Uncategorized.
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