El Jardín de Academos

Cuaderno de Crítica y Poesía

En torno a NIJINSKI, CLOWN DE DIOS, de Maurice Béjart

Desde NLC quiero rendir homenaje a la labor pedagógica y balletística de Fernando Alonso (1914-2013). Rescato de los archivos este pequeño artículo crítico del maestro sobre el ballet de Maurice Béjart, Nijinsky, clown de Dios publicado en la revista Cuba en el ballet en septiembre de 1972.

Dedico esta entrada a Fidel F., a quien di la lamentable noticia de la muerte de F. Alonso. Él es muestra del aprecio que despertó y sigue despertando la persona y la obra de Fernando en las jóvenes generaciones.

Texto de Fernando Alonso

 béjart1Nijinsky, clown de Dios, presentado por el Ballet del Siglo XX con coreografía de Maurice Béjart. Música de Pierre Henry y secuencias de la Sinfonía Patética, de Chaikovski. Vestuario de Joelle Roustan y Roger Bernard. Dispositivos escénicos y luces de Roger Bernard. Dirección sonora de Pierre Henry.

Maurice Béjart es, en verdad, una figura del mundo de la danza. Sus coreografías provocan, invariablemente, oleadas de entusiasmo y severas críticas. Se le acusa de ser ecléctico y de no establecer una línea artística determinada. Otros lo consideran un verdadero renovador de la danza, sacándola del usual teatro tradicional y haciéndola más comprensible para multitudes, teatro arena y grandes coliseos deportivos. Pero, en lo que todos coinciden es en que arrastra un público mayormente joven, nuevo, y que lo aplaude con enorme entusiasmo.

Para mí Béjart es un gran artista, dotado de una extraordinaria sensibilidad, de un gran sentido del humor y con un profundo conocimiento del ballet y del teatro. Maurice parte siempre de lo académico para desc0mponerlo, desarmarlo, volverlo a armar y transformarlo, imprimiéndole nuevos impulsos y contrastes, siempre con una dedicación total por la renovación del arte del ballet. En todo momento se puede apreciar su continua preocupación por que esta renovación sea profunda y efectiva.

Su nuevo ballet Nijinsky, clown de Dios me convence aún más de que Béjart es uno de los mejores coreógrafos de nuestros tiempos y considero ésta su obra más lograda. Si se quiere la culminación de sus búsquedas y de sus inquietudes.

El ya desaparecido bailarín ruso Vaslav Nijinsky (tema central de este ballet) se ha convertido en una figura legendaria de la danza que lasNijinskyN3 nuevas generaciones han oído mencionar como el bailarín que poseía el más extraordinario salto. Pero Nijinsky fue algo más que eso como artista y como ser humano. Y fue una figura patética, como Béjart la ha sabido delinear. Sergio Diaghilev, el organizador de las giras de los Ballets Rusos antes de la primera Guerra Mundial, que causaron un verdadero escándalo artístico en Europa, fue un personaje menos conocido, pero no menos interesante e importante.

Béjart ha utilizado estas dos personalidades, que estuvieron íntimamente unidas, tan disímiles en el carácter, pero tan ligados en el renacimiento del arte de la danza, después de su decadencia a finales del romanticismo. Utilizando las propias palabras del gran bailarín, volcadas en su diario (que se pudiera considerar una “hoja clínica” del desarrollo de una sicosis esquizofrénica que al fin dio término), Béjart desarrolla su acción presentando a Diaghilev como una deidad: un gigantesco muñeco que siempre es acompañado por un Diaghilev de tamaño natural (Pierre Dobrevitch, muy dramático) como un reflejo humano del gran organizador.

Nijinsky (Jorge Donn) se destaca del grupo de bailarines que cubren la escena, (que al comienzo son “la masa inerte”) y es convertido en la gran estrella de los Ballets Rusos.

clown of godSucesivamente aparecen los roles más destacados del gran artista: el Fauno, el Esclavo de Oro, Petruchka, y El epectro de la rosa, cada uno acompañado de su “clown” correspondiente, que destacan aún más la tragedia interior del bailarín ruso, en su búsqueda del amor.

Cada rol de Nijinsky es acompañado de su correspondiente pareja y, en algunos casos, un pequeño cuerpo de baile. Su compañera más asociada a su carrera artística, la extraordinaria Tamara Karsavina (Catherine Verneuil, aunque en otras ocasiones el papel lo baila también la cubana Menia Martínez) es representada en el ballet como la Bailarina, una figura idealizada y pura en su blanco traje de Sílfide.

Una enorme cruz negra, situada al fondo, dentro de un círculo blanco, domina la escena y produce el ambiente místico que caracterizó la demencia de Nijinsky. También una serie de círculos diagonales en el piso de la escena poligonal, con tres grandes brazos que se extienden hasta perderse en el público y el fondo, recuerdan sus dibujos y pinturas.

Béjart, utilizando un aro, plantea claramente la personalidad posesiva de Diaghilev, quien juega con él hasta rodear a Nijinsky.

Aparece la mujer (Suzanne Farrell) y el gran bailarín sucumbe a sus encantos y contrae nupcias. Diaghilev jamás le perdonó a Nijinsky su clown, su obra, este alejamiento que terminó con un rompimiento total de la amistad que los unía.

En síntesis, el ballet se desarrolló como sigue: Diaghilev (Dios) crea de la masa inerte un artista, el Hombre, y le da las posibilidades del más grande éxito en los Ballets Rusos (el paraíso terrestre).

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El artista busca la verdad (el amor) y aparece la Mujer (la serpiente los tienta). La cólera de Diaghilev lo expulsa de los Ballets Rusos (la pérdida del Paraíso) y ya nunca volverá a bailar los roles que tanto amaba.

Asimismo se presenta la guerra y la alienación de Nijinsky con los elementos místicos y su fijación: “Yo soy Dios”.

Desde luego, el Ballet del Siglo XX se ha destacado siempre por la magnífica calidad de sus bailarines hombres, sobre los que Béjart apoyaba mayormente sus coreografías. Pero en la función que observamos, se evidencia un reforzamiento notable en el elenco femenino que es de gran calidad.

Mención especial debemos hacer del excelente trabajo de Jorge Donn (bailarín argentino), que no sólo interpretó el papel central con una profunda incorporación del personaje, sino que transitó a través de la enorme gama de estilos que demanda la obra, sin esfuerzo, y sin perder un solo momento la línea dramática principal.

Sin problemas técnicos en los difíciles pasos que Béjart le ha coreografiado, Donn salta sin dificultad desde el clásico Espectro de la rosa a la danza contempóranea y a las expresiones grotescas del clown.

Paolo Bortoluzzi, como El espectro de la rosa demuestra una vez más su extraordinaria ductilidad; pero, además posee una base académica muy pura, que viene desde la antigua escuela italiana. Su quinta posición es cerrada, sus vueltas son seguras y bien terminadas, su batterie impecable y su línea larga, extendida: uno hubiera deseado verlo terminar completo el pas de deux de El espectro de la rosa, quizás la obra que más fama dio a Vaslav Nijinsky. Suzanne Farrell es una nueva adquisición del Ballet del Siglo XX. Viene de las filas del New York City Ballet. Con piernas extraordinariamente largas, magníficas extensiones y un gran cambré, se pudiera decir [que] es un ejemplo típico de las bailarinas del N. Y. City Ballet, y llevó el personaje de La jeune filie en rose discretamente. Quizás por no haberle sido fácil integrarse plenamente al estilo Béjart.

Víctor Ullate, bailarin español de magnífica calidad técnica, interpretó el clown del role principal con verdadero patetismo, venciendo las múltiples dificultades coreográficas con gran acierto. Catherine Vemeuil, en el papel de la Bailarina (Tamara Karsavina) estuvo muy cuidadosa del detalle.

La Serpiente, de Angele Albrecht, me parece un momento muy logrado del ballet. Múltiples aplausos y bravos le tributó el numeroso público que colmaba la sala, a Béjart y su Ballet del Siglo XX. Aplausos muy merecidos por toda la compañía.

Tomado de: Cuba en el ballet. Vol. 3, no. 3, septiembre de 1972, pp. 11-13.

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Esta entrada fue publicada el agosto 18, 2013 por en Arte, Autores, Ballet, Crítica.
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