El Jardín de Academos

Cuaderno de Crítica y Poesía

La RAE y el “buen español”

buen uso

No me equivoqué en ninguno de mis pronósticos con respecto a los argumentos que erigen algunos académicos de la RAE para presentar su nuevo volumen mal titulado ‘El buen uso del español’. Salvador Gutiérrez comienza comparando el libro  con el nacimiento del Mesías. Uno podría pensar que este libro es “el buen español” como para la iglesia Cristo es “el buen pastor”. Todo a conveniencia de la RAE y la iglesia. 

Pienso, no obstante, que la existencia de un libro como este tiene sentido formativo para determinados estudiantes, lo que considero desacertado es que lo vendan como el “buen uso” (como si semejante cosa existiese) y como un libro necesario para todos los hablantes, para los que llaman algunos de los presentadores el “gran público”.

La realidad es otra; por ejemplo: la ortografía no tiene mucho sentido cuando alguien habla, la sintaxis al hablar es mucho más libre. Y este es un libro de ortografía y sintaxis, así que en verdad debería llamarse: “Consideraciones generales sobre ortografía y sintaxis”. Pero para vender a veces se miente al “gran público”.

Edificio_RAEEl oportunismo de la RAE es semejante al eclesiástico: Pablo nos vendió al “buen pastor”, la RAE vende el “buen español”. El papa manipula a Cristo, la RAE habla de la “perfección” de la lengua y del supuesto “mal uso” de ella. Pareciera que la RAE es la reencarnación de María, la nueva madre del verbo.

Tanto la iglesia como la RAE se aprovechan del engañoso concepto de la “perfección” que manipulan y propagan a su antojo entre la gente común para vendernos a Cristo o al “español sin mácula” como churros calientes.

¿Los que son laístas, los que eliden la d o usan el infinitivo como imperativo son herejes o blasfemas?

Según el académico Salvador Gutiérrez, la labor de la RAE es tomar nota de los usos de la lengua entre la gente, hacer trabajo de copista, luego darle sentido sistémico y teórico (hasta ahí todo bien) y luego (ahí viene el disparate) devolverlo a los hablantes como norma para que sepan cómo usar el idioma. Pero si ya ellos lo usan así, ¿no? ¿Se puede decir una idiotez mayor siendo lingüista?

El título del libro está tomado de la introducción a la Gramática de Andrés Bello (primera mitad del siglo XIX). Tomar como referentes las ideas de Bello a estas alturas para determinar qué es “correcto” o “incorrecto” en una lengua es un dislate, así como querer “marcar los senderos del (supuesto) buen uso”, por favor.

Debería ser punible confundir orientación con dogma y conservadurismo.

El uso no tiene una “apoyatura científica”, es el uso el que da base, razón de ser y principio, como fenómeno espontáneo y en constante transformación, a los estudios científicos. Y en todo caso, se complementan. Al hablante común, que es el que manda en la “norma”, le da igual lo que diga la academia.

Es absurdo pensar a estas alturas que la RAE “limpia” o “fija” algo, como si el idioma fuese un jarrón o un plato. Un lingüista lo que hace es describir, estudiar, entender, proponer, explicar los fenómenos de una comunidad cultural de hablantes.

A la larga, somos los hablantes los que corregimos a la academia, los que la enriquecemos, los que la orientamos.

Algunos académicos incompetentes desconocen, niegan, censuran en verdad la riqueza del habla, y presuponen a estas alturas que hay un modo “correcto” deEl_buen_uso_del_espanol pronunciar o de hablar.

El “normativismo” extremo de Salvador Gutiérrez llega a su colofón cuando declara: “La norma no es algo que sea ajeno a nuestra vida, es algo que es como el aire que respiramos, es como un GPS que nos va orientando para decirnos cuál es lo bueno y lo malo, lo feo y lo hermoso, lo justo y lo injusto, lo verdadero y lo falso”. Y como si no fuese suficiente, continúa: “la definición tradicional de la gramática es el arte de hablar y escribir con corrección”. Si este es el concepto clásico, habría que cambiarlo ya, que no todo lo “clásico” es válido en el presente.

La mejor demostración de lo contrario a este normativismo es escuchar al propio académico Salvador Gutiérrez en la presentación del volumen definiendo la gramática como “hablar y escribir con corrección” cuando todo su discurso es agramatical y asintáctico.

La adecuación o no de un mensaje no depende de lo justo o lo injusto, de lo verdadero o lo falso, de lo bello o lo feo. Depende de la adecuación del hablante a la situación comunicativa, a su entorno y a su(s) interlocutor(es). Así que la explicación es demasiado esquemática. Presuponer que el uso del lenguaje “correcto” nos hace buenos, justos y bellos es darle un carácter mesiánico y discriminatorio.

Las divisiones diastráticas y diafásicas (lenguaje formal o informal; lenguaje culto, estándar, vulgar…) parten precisamente del uso de una lengua por sus hablantes según la situación comunicativa de los mismos y sus características de formación o su clase social; que la RAE presente una forma superior o más correcta que las otras es un acto parcial y discriminatorio. Ya bastante discriminan los seres humanos a partir de la forma de hablar de otros para que los académicos y estudiosos se hagan eco de forma oficial de semejantes prácticas excluyentes y pseudoelitistas, además de irregulares y variables.

Lo único injusto a estas alturas es tener que escuchar estas tonterías. La RAE es nuestra iglesia católica de la lengua. Para algunos de sus miembros es “injusto” usar los infinitivos con valor de imperativo, aunque la mayoría de los hablantes en España lo hace; es “injusto” decir o escribir “amiguísimo”. Es una blasfemia el laísmo… ¡Qué señores más trasnochados!

La RAE dice que no se debe decir “acercaros” con valor de imperativo, sino “acercaos”. Y “acercaos” ya no lo dice (casi) nadie en España, ni ellos mismos que lo exigen hablan así. ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que los mismos académicos acepten su propia forma de hablar? Según la RAE, el superlativo de amigo es “amicísimo”, pues “amiguísimo” no les suena bien todavía y lo ponen como segunda posibilidad no aconsejable, ¿quién dice “amicísimo” hoy? Salvador Gutiérrez afirma que la norma parte del pueblo. Estos ejemplos demuestran lo contrario. La supuesta “norma” académica va en contra del laísmo, en lugar de aceptarlo como característica del español de ciertas zonas de España.

Como la iglesia, la RAE propaga el dogma, sus moralismos y su limitada idea de “perfección” y de “lo correcto” para vender.

La falta que les hace a estos respetadísimos y cultos señores entrar a un chat de cibersexo. Eso activa a mil el uso del idioma y nos pone al día con la “norma”. O de lo contrario que cambien de sede y vayan a trabajar para las paradas de autobús, donde esté la gente, donde hable la gente.

Si “la norma la dicta el pueblo”, ¿por qué la RAE todavía está en el siglo XIX?

No hay nada más anormal que lo normativo.

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Un comentario el “La RAE y el “buen español”

  1. Francisco Boj
    abril 15, 2015

    Algunas cosas vale, pero lo del imperativo clama al cielo. “Acercaos” lo dice mucha gente, en tu entorno quizá no, pero en el mío si, y no somos eruditos.
    Cambiar la norma vale, pero que no sea por dejadez de unos pocos.

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Esta entrada fue publicada el diciembre 26, 2013 por en Uncategorized.
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