El Jardín de Academos

Cuaderno de Crítica y Poesía

DIEZ POETAS EN DIEZ AÑOS DE POESÍA CUBANA (artículo de 1950)

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(Texto tomado de: CUADERNOS HISPANOAMERICANOS. No. 16, marzo-abril, 1950, pp. 141-143).

Entre poesía pura o caracoleante o ensimismada y poesía menos pura o más entrañablemente y sin adjetivos poesía, Cintio VITIER nos alumbra, a través de diez figuras bien contadas, un laborioso y muy nutrido mundo poético (1). Son diez años de poesía cubana, cuyo arranque literario pone VITIER, tal vez con excesiva radicalidad, en la obra de José LEZAMA LIMA, quien, por «afinidad o rechazos», habría originado las distintas direcciones del grupo antologado. Es casi un sofisma. La poesía de Fina GARCÍA MARRUZ, por ejemplo, nos hace suponer fuentes más directas y más verdaderas que la estricta reacción ante la obra de LEZAMA. En este caso apenas adivinamos las conexiones. Lo cierto es que el grupo resulta bastante desigual y muy vasto el campo de influencias que va desde el Valéry de unos al Vallejo de otros. Y esto sin menoscabo de la verdad de nadie, de la radical y hondísima verdad de cada uno.

No queremos restar nada a la figura de LEZAMA LIMA, que se nos aparece con toda la intensidad de un verdadero fundador de poesía. Más de un poeta de los representados en la Antología de VITIER se acerca a ese alarde extremo y voluntarioso que es Enemigo rumor, el libro clave de LEZAMA. Recordamos a Octavio SMITH afectado de un nostálgico gesto heleno como nacido en una Cuba griega que hubiera equivocado el archipiélago. Tampoco Justo RODRÍGUEZ SANTOS está demasiado lejos de LEZAMA, de una poesía que se queda a solas en torno de su propia luz «girasolando». Es el camino del gorgorito, de la poesía definitivamente desabrigada, camino difícil para andar, seguramente, y para desandar.

No se evaden de la influencia de LEZAMA otros poetas, mayores a nuestro juicio, como el propio VITIER, quien, sin embargo, se traslada paso a paso a un mundo poético más cálidamente animado.

Uno de los poetas más interesantes de la Antología, Gastón BAQUERO, está situado en cambio, afirma VITIER, «en los antípodas del mundo expresivo» de LEZAMA LIMA. «Si para éste la encarnación del poema significa una organizada resistencia, para BAQUERO es más bien una fluencia continua, en que los versos se engendran y entrelazan con esa espontánea musicalidad que puede llevar al peligro de la retórica o a la plenitud del canto». Entre el libre resbalar del sentimiento y la factura creadora—creacionista— del poema se debate BAQUERO entre la igualdad tonal de «Octubre» y las alucinaciones inconexas de «Palabras escritas en la arena por un inocente». Lo preferimos en su primer momento, del que VITIER recoge tan bellas muestras como el citado poema «Octubre» o el «Soneto a las palomas de mi madre», bellísimo desde el acierto inicial del título. Pero, además, hay en BAQUERO una entrañable, una labradora conciencia del poder creador de las palabras:

Escribo en la arena la palabra horizonte

Y unas mujeres altas vienen a reposar en ella.

El poeta posee ante todo palabras, nombres y el recuerdo de nombres hermosos y suficientes.

Aquí están con el nombre angustioso de Octubre

La memoria se acerca temblando a la ventana

Y espera a los ausentes que el silencio conduce

Mas ellos, los ausentes, al borde de este nombre

Infinito y tranquilo que es el nombre de Octubre-

Pasión de los nombres, oficio bautismal de la poesía, para decir con Rilke, para expresar la inesperada intimidad de las cosas. Así se inaugura la presencia en la Antología de otro poeta importante, Eliseo DIEGO (2).

Voy a nombrar las cosas, los sonoros
altos que ven el festejar del viento,
los portales profundos, las mamparas
cerradas a la sombra y al silencio.

Hay en la poesía de Eliseo DIEGO un caudal de verdad que sobrecoge, que nos devuelve una y otra vez al poema para consustanciárnoslo, para hacer nuestros su casa familiar, su mesa, su testamento de la difunta abuela:

Mi abuela siempre
lo dijo: guarden
el pan,
para que haya
con qué alumbrar la casa.

Poesía de lentas excavaciones en el recuerdo, en el pasado próximo, que es ya tan viejo como la quinta paterna cuando empezaba la República, cuando contra la lluvia la República y contra el paludismo la República, y en la boca del padre la República era «como decir la suave mujer que le dio hijos».

El poeta camina así hacia esa penetrante certidumbre de las cosas que suceden, que han sucedido y se torna un sencillo narrar «todo esto con la melancolía de quien redacta un documento». Es la misma íntima calidad confesional de Fina GARCÍA MARRUZ, quien, casi coincidiendo con Eliseo DIEGO, explica:

Porque es necesario hacer clara la lista,
el texto que te piden, la escritura que sacas
del olvido…

La poesía cobra de nuevo valor de grave testimonio, del escalofriante testimonio que un gran poeta americano, Porfirio Barba-Jacob, daba a los cuatro vientos: «Escuchad esta cosa tremenda : ¡He vivido!» Porque la poesía es eso: testimonio ardentísimo de la vida, vida interiorizada y exprimida luego hasta el máximo, para sernos así definitivamente entregada.

Por este camino el poema vuelve a ganar un inusitado valor expresivo, incorporando a su vez el lenguaje coloquial, la fabla de vecino a vecino, que fué su vieja fuente, su nacimiento romance. «Poesía para andar por casa» tal vez, en la expresión de Baquero, pero por la casa de la poesía, donde la poesía tiene nombres sonoros y alimenticios y tibia luz de rincón de casa vieja y amiga:

«aún te queda sonrisa por la sopa materna…»

«aún hablas de las mulas, del tiempo

o de si es tarde…»

«aún dices sin embargo, bizcocho, nieve, ahora…»

De Fina GARCÍA MARRUZ recordamos, pues, inevitablemente, la «Carta a César Vallejo». La honda evocación del peruano que adelantó a su vez todas las elegías posibles con el abismado y desgarrador «César Vallejo ha muerto», de «Piedra negra sobre una piedra blanca». Estamos, sin duda, ante el poeta más recogido, más íntimamente iluminado de toda la Antología, poeta de franca inspiración religiosa, tan lograda a veces como en la «Transfiguración de Jesús en el Monte».

Tres poetas más: Ángel GAZTELU, Virgilio PIÑERA y GARCÍA VEGA, este último el más rigurosamente joven de todos, completan el interesante panorama que la cuidadosa labor de Cintio VITIER nos ofrece.

José ÁNGEL VALENTE

(1) Diez poetas cubanos (1937-1947). José Lezama Lima, Ángel Gaztelu, Virgilio Piñera, Justo Rodríguez Santos, Gastón Raquero, Eliseo Diego, Cintio Vitier, Octavio Smith, Fina García Marruz, Lorenzo García Vega. Antología y notas de Cintio Vitier. Ediciones «Orígenes». La Habana, 1948. 248 págs.

(2) Véanse CUADERNOS HISPANOAMERICANOS, núm. 15. Eliseo Diego: «Por los extraños pueblos», y otros poemas. Madrid, mayo-junio 1950. Págs. 457-463.

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Esta entrada fue publicada el mayo 3, 2014 por en Autores, Crítica.
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