El Jardín de Academos

Cuaderno de Crítica y Poesía

Hospital La Paz

pic1.jpgComencé a sangrar por la boca desde las seis de la mañana. A las diez desperté a mi madre. Era día de fiesta. Tendría que ir a La Paz para ver al médico. Para llegar a Urgencias las señalizaciones te obligan a dar toda la vuelta al hospital, Urgencias está en una curva oculta, en medio de la maleza y la nada. El camino perfecto para desangrarme antes de llegar.

Ponte una gaza con una ampolla de Amchafibrin y presiona durante 45 minutos. Me dijo una amiga por teléfono. Espera al lunes y te atiendo en la consulta. Cualquier complicación me avisas. Pero salí con mi madre para La Paz. Escribo a mi amiga por WhatsApp al llegar por fin a la sala de espera: Oe, se me ha hecho un coágulo en la zona irritada, ¿q hago?, ¿me lo quito o me lo dejo? Ella: No te toques el coágulo!!!!!! Es la acción del coagulante. Mantén el coágulo a toda costa. Comida blanda y fría durante 24 h. Bssssss.

Mantuve la gaza entre la parte interior del labio y los dientes hasta que toda la sangre se concentró entre el colmillo y el primer premolar. Clasificación tres. El médico me clasifica. A cirugía con el maxilofacial. Una segunda sala de espera, con más gente, dos cubanas a mi lado hablando de un lugar llamado Cayuco, donde un pariente lejano había muerto recientemente de leucemia.

Cuéntame lo que tienes. Mire, desde las seis de la mañana no dejo de sangrar, creo que son las encías. Acuéstate en la camilla y espera un momento. ¿Desde cuándo no te haces una limpieza bucal? Quise responder, pero el coágulo se hizo del tamaño de mi boca, enorme, como un denso globo de chicle. El exceso de sarro provoca irritación en las encías y generalmente la reacción es el sangramiento. Pero no veo infección, antibióticos no necesitas. Una vez que te hagas la profilaxis bucal, podrían hacerte una biopsia para salir de dudas, pero no parece nada raro. Ahora mismo no sangras.

Me levanté y salí de la consulta, en la puerta estaba el coágulo recostado, sonriente, mirando con unos ojos rojísimos, venosos. Dejé a mi madre en la sala de espera y entré un momento al baño. Me miré las encías, levanté el labio superior buscando el coágulo. No estaba. Mis dientes, blanquísimos, relucían. No entendía nada. Me enjuagué la boca y salí. Con sus piernas pastosas, como de chicle inflado, cruzadas, el coágulo se había sentado entre las dos cubanitas. A una le salía un hilillo de sangre por entre los muslos, la otra secretaba por la esquina del labio un líquido carmesí mientras hablaba sin parar de los síntomas de la leucemia.

El coágulo descruzó las piernas y me guiñó un ojo, también de chicle, arterial. A la salida de La Paz, dando las mismas vueltas del sangramiento hacia la calle, mi madre pregunta: ¿quién era aquel señor pelirrojo, colorao que te saludó al irnos? Y me detuve frente al semáforo, en silencio: estaba en rojo.

Yoandy CABRERA

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Esta entrada fue publicada el mayo 29, 2014 por en Creación.
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