El Jardín de Academos

Cuaderno de Crítica y Poesía

Discurso de mejor graduado. Año 2006, Facultad de Artes y Letras, Universidad de La Habana

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En mis años de estudio me ha tocado hablar en algunas circunstancias un poco difíciles. En segundo año, cuando el profesor José Antonio Baujín decidió suspender el seminario de Cándido porque nadie se decidía a hablar (realmente no era por falta de preparación, es que nos daba miedo decir la primera palabra) Anette y yo fuimos donde el profesor para que entendiera nuestras razones. Pero no tuve que hablar por mi colectivo solo en el ámbito académico. Cuando fuimos al campismo Las Terrazas, donde por cierto, me quedé dormido en una discoteca (las discotecas siguen pareciéndome lugares muy aburridos) tuve que firmar, por decisión unánime de mis compañeros, el libro de visita en casa de Polo Montañez, precisamente yo, enemigo acérrimo de toda la discografía de Polo, que no perdía un instante para criticar su falta de imaginación y aquel mal gusto de imágenes como el ventilador que orgulloso la despeina. Parece que no ha sido suficiente y hoy estoy aquí en representación de todos los graduados. Y soy yo el que habla cuando podría ser otro, porque es bueno recordar que nos caracterizamos, los que hoy nos graduamos de Letras o Arte, por un compromiso que hemos aprendido de los que nos han des, trans, in (lo que sea) pero al final, formado.

Nuestra promoción comenzó con la caída de las Torres Gemelas, pude ver hasta imágenes animadas del suceso por Internet. Yo, un muchacho de provincia que adolescía de todo o casi todo, podía acceder al conocimiento y a la información como no lo había imaginado. Apenas tuve la primera clase entendí que estudiar literatura podía cambiarnos para siempre, que Glauco y Diomedes volverían a intercambiar sus armas cada vez que un grupo comenzara sus estudios en la Facultad. Recuerdo ahora mismo a la Dra. Elina Miranda leyéndonos “Paseo nocturno de Príamo” de Kavafis o “Palinodia” de José Félix León; a Guadalupe Ordaz, mujer que abrazo cada vez que la veo, hablando apasionadamente de Lascaux, una catedral gótica o describiendo el David; a María Castro deleitarnos más de una hora en el análisis de un vaso de cerámica griega; a María de los Ángeles Pereira dedicando la tarde a Renoir y a Degas; a Astrid, que habla como si besara, comentando a Shakespeare; a Mayerín Bello que analiza a Dante y a Rabelais y parece estar predicando en un templo protestante; a Ana Cairo, para quien Martí y Carpentier son intocables (aunque nos obligue a tocarlos más de una vez), resumiéndonos, del modo más desenfadado, algún cuento no publicado en Cuba de Lydia Cabrera; al profesor Amaury Carbón, que de los acueductos de Roma salta, sin darse cuenta, al sistema de bombeo de agua en el municipio Plaza de la Revolución; a María Elena Jubrías tratando de convencer a un estudiante que el teléfono cangrejo no nos desvía del concepto de “arte”; a la Dra. García Cortiñas, cuyo libro es más difícil de conseguir que un best-seller, dando una clase magistral (un poco al modo escolástico) de las teorías de Chomsky e instándonos a tomar cursos de Lógica en la Facultad de Matemática; a Marlen Domínguez enseñándonos a acariciar ese monstruo inmenso y hermoso que se llama Historia de la Lengua; y así cada uno con sus subjetividades, pero con algo en común: su empeño en despertar nuestra capacidad de análisis, de hacer asociaciones lógicas, que es, en definitiva, lo que podemos esperar de un profesor. Agradecemos el rigor, los regaños y la seriedad con que se toman el trabajo que realizan. Ellos lo aprendieron bien de Camila, Mirta, Antuña, Calduch, nos queda demostrar que nosotros también lo aprendimos.

Nuestra promoción ha terminado los estudios con la tarea cumplida en Jagüey Grande, con seguridad la mayor prueba de la consagración, el compromiso (con nosotros mismos) y la disposición de contribuir al desarrollo cultural  de otros. Hoy lo mismo podemos impartir clases en nuestra Universidad, alfabetizar a un joven de 23 años (pregúntenle a Martha Ivis) o dar tratamiento y ayuda a un drogadicto. Porque estudiar literatura no nos cierra la interacción con el mundo, al contrario, hoy entendemos mejor el esplendor y la miseria humanos.

Lo que era en un principio enigma hoy ha descorrido el velo de ciertas alusiones. Quizá algunos piensan como yo, o como Abilio Estévez cuando dice que “vivir es ir perdiendo cosas”, pienso que todos coincidimos en no conformarnos con la mediocre felicidad de Charles y repetir, desde la experiencia, que “Madame Bovary soy yo”. La Universidad nos lleva del deseo a la realidad, como podría decirnos Luis Cernuda. Aunque dolorosa y amarga la experiencia, hoy la agradecemos.

Estudiar Literatura y Arte nos acerca más al hombre, porque él crea nuestros objetos de estudio; no nos aísla ni nos hace raza aparte o estirpe selecta. Solo el conocimiento bien digerido queda como esperanza, y la oportunidad potencial de compartirlo.

Agradecidos estamos de nuestros padres, los de nuestra formación natural y los de nuestra formación intelectual. Quizá mañana alguno (como hijo pródigo) niegue su escuela o critique el sistema de enseñanza. Puede, incluso, tener razón. Pero sería de pobre pensamiento quien desconozca su dependencia formativa de la Universidad. Podemos hoy mismo decidir nuestra posición ante la Academia: venerarla o transgredirla, pero nunca podremos ser indiferentes. Ojalá sepamos hacer lo uno o lo otro con decoro y elegancia. Los que deseemos transgredir tenemos dura tarea, porque la transgresión (más que acto de soberbia) es (no me canso de decirlo) el mejor modo de contribución y homenaje.

Yoandy CABRERA

Julio de 2006

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2 comentarios el “Discurso de mejor graduado. Año 2006, Facultad de Artes y Letras, Universidad de La Habana

  1. NDDV
    junio 1, 2014

    Estimado Yoandi, Me has hecho llorar dulcemente, y eso, debido a los grandes principios que invocas, a las diferencias abismales entre la experiencia educativa de tu generación y la mía, a la civilidad de tus palabras, a tu proclividad al clasicismo aún en una invocación de fin de curso. Es muy tierno verte rechazar a Polo Montañez con un gesto de auriga. Te veo aplastando un CD con un pie enfundado en sandalias aladas. Excelente oración por una juventud de oro. Cariños, N.

    NDDVhttp://nchinatown.wordpress.com/

    Date: Sat, 31 May 2014 22:59:25 +0000 To: nchinatown@hotmail.com

    • Yoandy Cabrera
      junio 1, 2014

      Gracias, querido Néstor, por tu comentario. Que estas palabras mías de hace ya casi ocho años te emocionen y provoquen dulzura es ya para mí más de lo que pudiera esperar. Sigues regalándome imágenes de mí que he de guardar. Un abrazo y mi afecto,

      Y

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Esta entrada fue publicada el mayo 31, 2014 por en Arte, Autores, Crítica, Tradición clásica.
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