El Jardín de Academos

Cuaderno de Crítica y Poesía

Tragedia y respeto

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La pieza teatral Los siete contra Tebas (1968) que costó a Antón Arrufat unos quince años de castigo y silencio editorial, perseguía demostrar que tanta culpa y razón tenía una parte como otra: la parte del exilio que venía a tomar la ciudad y la de Tebas que defendía su soberanía. En ambas, al mismo tiempo, había hybris y prudencia. Esa culpa compartida es la que hace que mueran tanto Eteocles como Polinices. El final de la versión de Arrufat de la pieza esquilea propone una especie de reconocimiento mutuo entre las partes, de reconciliación y entendimiento, de piedad.

Este llamado al entendimiento con el contrario debió ser lo que más molestó al régimen cubano, negado durante más de cincuenta años a todo tipo de diálogo con el contrario, al reconocimiento del otro, a la pluralidad.

María Zambrano, analizando el caso de España tras la tragedia de la Guerra Civil en abril de 1940, lo explica mucho mejor que yo. Esta argumentación de Zambrano bien vale hoy mismo para entender el régimen cubano como larga, cruel y autoritaria falta de respeto, para explicar esa sordera estéril del gobierno insular:

Este respeto para la parte de los demás, a mi entender, tiene que ser una de las enseñanzas de la tragedia. Pues el cumplimiento de la tragedia estriba en la experiencia que de ella se saque y le haremos traición si en lugar de abrir la mente a la enseñanza plural y multiforme, como que abarca tan diversos destinos humanos, nos aferramos mezquinamente a lo nuestro, dejando a nuestro yo que se infle y dilate para borrarlo todo y decir constantemente: ‘porque yo, yo en cambio, yo sí que hice, yo…’. De esa tragedia sí teníamos que aprender muchas cosas, hasta respetar el silencio de quien tiene ganado de antiguo, por sus palabras y su conducta, el derecho al respeto. El respetar cuando no se entiende del todo, tiene la virtud, entre otras, de mantener indecisa, y por tanto en espera y posibilidad de agrandarse, la curva de nuestro horizonte mental; una mente respetuosa está en vías de crecimiento y no de empequeñecerse como pueden creer los que, por ignorar el respeto, lo confunden con el tartufismo.

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Esta entrada fue publicada el noviembre 25, 2014 por en Autores, Crítica, Tradición clásica, Tragedia griega.
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