El Jardín de Academos

Cuaderno de Crítica y Poesía

El trágico embuste de la página en blanco

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Y basta por hoy, que ya he ofendido bastante al silencio.

Emilio Ballagas

Sea breve tu palabra, que en el mundo

pocas cosas merecen ser cantadas.

Norge Espinosa

—¿Escribe usted «empero»?

—No lo necesito.

Jorge Guillén

Nunca he temido a una hoja en blanco.

Podría hacer con ella un barquito de papel, una palomita de esas chulas para colgar del techo, o simplemente podría dejarla en paz, en una esquina, por si algún día hace falta.

Kazimir Malévich, superponiendo un cuadro blanco sobre otro blanco en 1918 se hizo muy famoso. Y nosotros no hemos acabado de aprender la lección casi un siglo después.

Dejar a la página en blanco en paz, eso.

Pero muchos (supuestos) escritores han hecho un mito de una falacia. Han convertido la necesidad en vicio,  la capacidad discursiva de transparentar lo invisible en mera grafomanía.

Y digo “supuestos” porque creo que el verdadero escritor no teme morirse sin escribir una sola palabra. La poiesis es para él necesidad ontológica o no es. Se trata de la “inevitabilidad poética” que menciona Lina de Feria al publicar A mansalva de los años (1990) después de veinte años de silenciamiento oficialista.

Inevitable, metabólica, como asegura Fina García Marruz: “la poesía para mí, la viviente y la escrita, eran una sola, estaba allí donde se reunían los tres tiempos de la presencia, la nostalgia y el deseo, sobrepasándolos, encendiendo no sé qué sed.”

El escritor que respeto, que venero, no emborrona cuartillas por cantidad, no cuenta los poemas por líneas o número de versos, no mide las novelas por el número de páginas ni por la voluminosidad de los ejemplares. Tampoco relaciona esterilidad con cantidad de folios escritos, otra muy frecuente idea estéril.

Ya lo dije hablando de Dickinson: a la Poesía sólo se llega por la negación.

En un texto firmado por Emilio Ballagas titulado “La poesía en mí” (1937), el poeta cubano afirma que el verso en él no era oficio ni beneficio, era necesidad. Leí ese texto en mi adolescencia y no lo he olvidado nunca.

blanco sobre blancoComprendo la necesidad de la disciplina de escribir periódicamente, alguien que ha crecido en la Academia lo conoce muy bien. Pero no en el caso de la escritura creativa, no cuando hablamos de poiesis. No creo en los escritores que dicen levantarse todas las mañanas a escribir por disciplina. Y si es así, es porque hay, tras esa disciplina posiblemente necesaria, muchas cosas que organizar y decir. Puede pasarle al ensayista y al novelista, ciertamente.

En una entrevista memorable, Delfín Prats asegura que el mejor consejo que puede darle a los jóvenes escritores es que no escriban. E insta, desde su propio ejemplo, a anular el yo y a negar la falsa y circunstancial condición de “intelectual”. Afirma, además, que “si tienes una vocación por la escritura, tarde o temprano tú vas a ir por ese camino.”

¿Por qué entonces escribir cuando no hay nada que decir o cuando lo que ha de decirse está aún disperso, como vino sin terminar su fermentación? ¿Por qué el miedo a comenzar diez veces si es necesario, como proponía Baudelaire?

El horror infranqueable a la página en blanco es uno de los timos más grandes de la historia literaria. La escritura o es padecimiento (en el sentido etimológico) o no es.

Una página en blanco no debería intimidar a nadie. A no ser que a uno le paguen por cantidad de cuartillas, como le ha sucedido a grandes escritores. Pero ya eso no es poiesis, es más bien prostitución de segunda o de tercera clase.

El mundo (también el de la literatura) sería un lugar mejor (más ecológico) si dejáramos de rellenar por vicio o falso horror vacui cuartillas para las casas editoras, para responder a mercadeos que poco o nada tienen que ver con la literatura.

El (supuesto) escritor que padece el síndrome de la página en blanco, padece en vano. Nunca soy más feliz que cuando no escribo. Pues cuando escribo es porque algo, como un rapto terrible y venerable, me obliga y me subyuga.

Dulce María Loynaz, al referirse a su hermano Enrique, lo describe del siguiente modo: “era un poeta sin auditorio, un poeta sin verso, pero un poeta siempre”. García Marruz confiesa que  “quier[e] escribir como el silencio escribe”, asegura también que “nadie podría “sentirse” poeta sino por ese único punto en que deja de serlo, y quizás sólo hemos sido verdaderos poetas en los raros instantes en que no nos dimos cuenta de ello.”

A eso me refiero. A la negación como único modo de profesar lo inevitable.

Yoandy Cabrera

College Station, TX

17 de enero de 2015

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2 comentarios el “El trágico embuste de la página en blanco

  1. NDDV
    enero 17, 2015

    Yoandy, Me encantó tu post de hoy, y terminar de leerlo y ver a mi sobri en drag, en el elenco de ART, fue un regalo inesperado. Un abrazo, N

    NDDVhttp://nddv.wordpress.com/

    Date: Sat, 17 Jan 2015 18:24:53 +0000 To: nchinatown@hotmail.com

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Esta entrada fue publicada el enero 17, 2015 por en Arte, Autores, Crítica.
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