El Jardín de Academos

Cuaderno de Crítica y Poesía

“Medea” de Isel Rivero

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A Robin Morgan con quien comenzó

la discusión sobre Medea

 

La absurda cantilena de los grillos

atestando todo el portal

gritos incandescentes rituales

De la tierra surgen las arañas

empuñando lanzas flechas

Mil reptiles escarabajos de tenazas hoscas

se congregan en las colinas

 

Mi sueño de escorpiones y langostas

se desata

sobre esta realidad marcada por los trajes espaciales

escafandras

cámaras oxigenadas cerradas al vacío ingrávidas grávidas

hierros y fusiles obsoletos

obturadores y salones de computadoras auscultando la nada

el más allá

de Andrómeda y Neptuno

 

Sueños de represión y de aullido culpable

donde la garganta de esta mujer

forzada al silencio

se estira como vejiga y revienta

 

Ella la Reina de las Cabras y las Ovejas

Ella la Sirena de las serpientes y los cedros

Ella la Princesa de todas sus mujeres

internadas en los harenes secretos de los toros en celo

de los laberintos y hospitales de dementes

Ella ensarzada en diamantes de luces

aúlla con el pecho erecto

la furia de la infidelidad ancestral

del matricidio

y sé que al enarbolar la gran ánfora

y tirar su libación al hondísimo pozo del infinito

todo este planeta temblará

como la más frágil liebre de Afrodita

 

Medea

te llamo para seducir tu oído a mis entrañas

búscame con tus manos

con toda tu boca

Oprime mis rostros con tus pechos

aprésame la espalda

dóblame ante tu semblanza

Yo que te he amado

en tus hijos en tus hijas

que te he descubierto en la respiración

de sus bocas

en sus gestos prolongados de niñas

y niños inocentes

vírgenes

 

Medea

te llamo a mi regazo

para envolverte mil veces

con mis manos y mis velos

para protegerte

Reina Esplendorosa

mujer de otras fronteras

Libera la cólera de los vientos con tu venganza

no dejes que los olores fétidos de la muerte

te posean

Míralas de lejos

esas arañas

esas langostas

esos grillos persistentes

tus ejércitos

desatados sobre las llanuras

sobre todas las colinas

Lánzalos tras el miserable

imprécalos para el crimen

pero queda tú conmigo

 

La puerta cae

los cerrojos metálicos chispean

las alas las garras del grifo se abren

y su mano augusta amplia blanca

cae implacable

 

cae implacable sobre cada pecho

de sus dormidos hijos

de sus dormidas hijas

 

Toda una nube envuelve el refugio de la Reina.

 

Autora: Isel Rivero

Viena, 1981-82

Tomado de: Mariel. 1.2, 1983: p. 7.

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Esta entrada fue publicada el febrero 15, 2015 por en Autores, Tradición clásica, Tragedia griega.
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