El Jardín de Academos

Cuaderno de Crítica y Poesía

Posgrado y emigración en Cuba: entre el ninguneo y la sospecha

En febrero de 2015 la periodista Dainerys Mesa me entrevistó por correo electrónico para un reportaje sobre becarios y estudiantes de doctorado que acaba de ser publicado este mes de mayo en la revista Alma Mater. Desde el principio pensé publicar la entrevista íntegra en este blog. Así se lo informé a Dainerys en nuestro intercambio de mensajes:

Querida Dainerys, aquí van mis respuestas. Puedes poner mi nombre sin ningún problema. Me hago responsable de todo lo que digo a cara descubierta y con mucho placer. Hazme saber dónde se publicará para estar al tanto. Confío en el uso que harás de esta información. Siempre he creído en tu sinceridad y seriedad profesionales.
Importante: ya alguien intentó que respondiera un cuestionario semejante y al final desistí, así que tienes las primicias sobre mi experiencia.
Publicaré la entrevista completa en mi blog luego de que publiques tu trabajo, así que mantenme al tanto.

Y aquí van mis respuestas, íntegras:

Dainerys: ¿De qué manera llegaste a la beca?

Yoandy: Estaba una tarde trabajando en la Universidad de La Habana y un colega, recién graduado como yo, me comenta que había solicitado una beca de un Máster en Filología Hispánica en Madrid, me muestra la página web y ese mismo día envié mi solicitud. Faltaba muy poco para que cerrara la convocatoria y no pensé, la verdad, que fuera a ser escogido para la beca. Simplemente me lancé.

D: ¿Por qué estudiar en el extranjero?

Y: Yo había viajado ya fuera de Cuba en un intercambio de la Universidad de La Habana y la Universidad de Humboldt en Berlín a un postgrado de Arqueología Clásica en el verano de 2008, o sea, ya conocía Europa, y la verdad es que la oportunidad de pasar un curso académico estudiando en Europa era algo que merecía la pena. Pero el factor económico fue decisivo, me pagaban 1200 euros mensuales, y eso para cualquier cubano era y sigue siendo mucho, más para mí, que terminaba de impartir clases sobre Homero en la Universidad y tenía que ir a vender leche en polvo y queso puerta por puerta en el reparto Bahía para poder pagar el alquiler del mes, que era casi cuatro veces lo que yo cobraba mensualmente como profesor. Ver que la ayuda de mis padres era imprescindible para yo sobrevivir y no poder devolverles lo mucho que habían hecho por mí durante años, seguir dependiendo de ellos aún después de graduado y siendo profesor universitario me decidió también a probar suerte.

D: ¿Las principales trabas para que un joven egresado de la universidad en Cuba estudie cursos de postgrado en el extranjero?

Y: La Universidad de La Habana me obligó a pedir la baja porque no aceptaba (supuestamente) que un profesor estuviera más de seis meses fuera de la Universidad. Pero lo cierto es que, al mismo tiempo que yo, otro colega (considerado políticamente confiable) recibió el permiso para viajar el mismo año que yo y el mismo tiempo que yo al mismo país y a la misma ciudad que yo. Recuerdo que nos encontramos en Madrid, fuimos alguna vez juntos a museos y estuvimos todo ese año en contacto, colaborando mutuamente; todavía estamos en contacto, de hecho, y seguimos manteniendo una buena relación. Porque nunca creí que fuera culpable de nada por haber podido salir con permiso de la Universidad y yo no, siendo ambos profesores de la misma institución. Era la Universidad de La Habana quien me discriminaba y no mi colega. Me parecía que mi colega, simplemente, había resuelto su problema como había podido, yo tenía que resolver el mío aún. Hacer trámites en Cuba a título personal  por una beca académica es una horrible odisea.

En emigración me negaron la salida. En provincia me decían que, además de la Carta Oficial de otorgamiento de beca, tenía que entregar una carta de invitación personal. Yo expliqué que no iba a Madrid por invitación personal, que no tenía familia en España ni amigos a los que fuera a visitar, yo iba a estudiar, así que no entendía la exigencia de una carta de invitación personal en mi caso. Entonces, como si fuera un delito, en emigración me dijeron que yo viajaba a título personal y que esa beca me la había ganado yo y buscado yo. Pues sí, les dije, faltaba más, claro que me la había ganado y conseguido yo. Pero pensando en solucionar el problema, fui a emigración nacional y me dijeron que la legislación había cambiado en mayo de 2009 y que por eso las exigencias eran nuevas, en fin, que no se ponían de acuerdo y se contradecían entre el centro provincial y nacional. Hasta que decidí ir a pedir una cita con un especialista en el MINREX y este no me recibió, habló conmigo por teléfono y me dijo que no echara una pelea que iba a perder, que fuera verdad o no, si ya me habían pedido algo lo iba a tener que llevar, me preguntó si yo quería echarle la pelea a emigración o si yo quería viajar, y que si mi objetivo era viajar no discutiera ni cuestionara nada y simplemente llevase lo que me pedían. Y eso hice, pero fue frustrante escuchar esos consejos del especialista en emigración que me atendió por el teléfono de la recepción del MINREX. A pesar de ello, las trabas con emigración no cesaron y aunque llevé la carta de invitación a título personal que tuve que pagar (por eso me la pedían, para que pagara por ella), otras trabas aparecieron.

Pedí la baja de la Universidad porque, de lo contrario, no podía iniciar trámites, pero tenía muy claro que yo pertenecía y me debía a mi Facultad, más allá de burocratismos e injusticias institucionales, y allí, a pesar de ser baja oficial desde el 31 de mayo de 2009, estuve trabajando, calificando exámenes nacionales y orientando a mi sucesor hasta el inicio del siguiente curso en septiembre. Viajé de Cuba a Madrid el 27 de septiembre de 2009.

Antes de irme, incluso después de haber sido obligado a pedir la baja y de ser oficialmente baja de la Universidad, pedí, de todas formas, una cita con la Vicerrectora de Relaciones Internacionales, cuyo nombre recuerdo era Cristina, para que me explicara personalmente por qué yo había tenido que pedir la baja de la Universidad para poder viajar, para que cara a cara me diese las razones oficiales. No me quiso recibir. Le dijo al decano que ella no tenía nada que explicarme, que esas eran las normas de la Universidad.

Siempre he comprendido las razones de todas las personas y el derecho de todos a emigrar, pero a pesar de todas las penurias económicas en Cuba, nunca pensé irme de la isla de forma definitiva, nunca imaginé mi vida fuera de Cuba para siempre, no me interesaba, esa es la verdad. Pero al irme desvinculado, sin trabajo, al conocer la vida en Madrid y saber que después de haber sobrevivido en La Habana vendiendo queso y leche en polvo podía sobrevivir en cualquier lugar del mundo, mi punto de vista cambió. Siempre lo digo y los que me conocen saben que no miento: si la Universidad de La Habana me hubiera apoyado para hacer el máster en Madrid, hubiera regresado, como regresó mi colega, y hoy muy posiblemente estuviera trabajando allí. No digo que luego decidiera irme por otra vía, eso no lo sé, pero si mi centro de trabajo me hubiera apoyado yo le hubiese tributado como correspondía. Pero no formaba parte de los elementos políticamente confiables. Y esa desconfianza, esa tendencia a ver en Cuba a cualquier persona que viaja como potencial emigrante es algo atroz y denigrante.

A pesar del desamparo institucional que padecí, siempre sentí el respaldo constante de mis profesores, incluso de aquellos que durante horas hablaron conmigo (como mi tutor y mi decano) para que no viajara a España, para que permaneciera en la Universidad. Y cuando llegó el momento ellos mismos escribieron al Ministerio de Cultura para que por medio del MINCULT pudiera viajar.

Lo peor en Cuba no fue la cantidad de trámites y de burocratismos que hay que hacer, las madrugadas haciendo colas en las oficinas para legalizar los papeles que cuestan más de lo que cobra uno en un año entero; lo peor en Cuba fue la incertidumbre, esa duda horrible que tienes hasta el último momento de si podrás o no viajar. Gastas lo que tienes y no tienes y no sabes si es en vano. No quiero vivir nunca más en un país donde tenga que pedir permiso para poder viajar, donde tenga que pedir perdón por ejercer mis derechos, donde tenga que pedir la baja de mi trabajo para poder crecer profesional y económicamente.

D: ¿Qué pasó cuando decidiste quedarte más allá de los límites temporales establecidos por la beca? ¿Esta te propicio oportunidades de trabajo en tu perfil?

Y: Como finalmente salí por el MINCULT, me dieron prórroga después del primer año, pero la prórroga se demoró tanto que casi se acaba el segundo año y no llegaba, cuando me dijeron que podía regularizar mi situación con el MINCULT preferí no hacerlo, pedí la habilitación del pasaporte y de ese modo podía viajar a Cuba y salir sin tener que pedir el permiso de salida, ya luego quitaron ese permiso de salida, pero entonces era más fácil quedarse oficialmente para poder entrar y salir de Cuba.

Las oportunidades de trabajo me las propicié yo. Meses antes de que se me acabara la beca probé impartir clases particulares para ver si podía sobrevivir con eso, y sí, funcionó. Luego pasé por pizzerías, restaurantes, editoriales, hasta que fui contratado por una Academia donde impartía Griego, Latín, Inglés y Español, allí trabajé con un contrato indefinido (cosa que muchos españoles no llegan a tener en toda su vida) hasta que vine a trabajar y estudiar en 2014 a EEUU.

Cuando los españoles se quejaban de la crisis, yo les decía que ellos no tenían idea de qué era una crisis. En Cuba se vive en una crisis interminable. Mientras en España el litro de leche cueste 50 céntimos y sean tan baratos y accesibles el pan y la mortadella, creo que ellos no pueden hablar de crisis.

Me fui de España porque las posibilidades académicas son muy limitadas, la endogamia es un virus que está matando a la universidad española. No es que los españoles ninguneen el talento que llega del exterior, sino que en España se ningunea el propio talento nacional, así que poco o nada queda para el que llega.

Es irónico y en mi caso personal mi situación actual destruye todo lo que oficialmente Cuba dice sobre EEUU: en este país hago exactamente lo que hacía en Cuba, imparto Griego Clásico y Español, pero me pagan. La universidad norteamericana me paga mis estudios de doctorado y me paga por ser profesor.

D: ¿Qué pasa, allá y aquí, cuando un joven cubano, becario en un país extranjero decide no volver a su país?

Y: Mis relaciones con Cuba son buenas, regresé después de cinco años y en la Facultad me recibieron con un afecto que agradezco y que he hecho público en artículos que he publicado. La Facultad de Artes y Letras, sus profesores, siguen siendo un hogar al que me debo y que va dentro de mí.

La mayor lección que he aprendido fuera de Cuba es que toda institución es cuestionable y endeble porque es creada por humanos y son los humanos los que la llevan y la hacen funcionar. En Cuba se vive con la idea de que alguien siempre tiene que ordenar lo que se debe hacer, lo que está supuestamente establecido. Cuando te liberas de eso, vivas o no en la isla, comprendes que la obra más acabada que uno puede realizar es aquella en la que nadie te ordena, aunque cuentes con orientación, opiniones y ayuda de otros. La falta de esa orden oficialista, de un paternalismo castrador, que en el caso de Cuba llega a ser también opresor , en un primer momento da miedo, genera una terrible sensación de desamparo, pero una vez que se entiende que el vacío (con o sin jefes) es inevitable, ese desamparo es liberador y en mi caso me ha permitido realizar trabajos de edición, de investigación y artículos que en Cuba difícilmente hubiera podido publicar. Al mismo tiempo, algunos de mis textos han aparecido y siguen apareciendo en las revistas y publicaciones nacionales, porque no creo que deba limitar por ninguna razón su alcance, porque no creo en las parcelaciones de la cultura. No quiero repetir yo el error del oficialismo cubano; ya bastante excluye, divide y margina la oficialidad insular y sus comisarios para yo, además, tributar a ello.

He presentado, de regreso en Cuba, mi segundo poemario, publicado en Madrid en 2013, sobre él se han publicado reseñas en la página de la UNEAC, por ejemplo; he presentado en La Habana libros que he editado fuera de Cuba. No he parado de publicar de un lado y de otro, de editar, no he dejado nunca de impartir clases, de investigar. Siempre supe que, dentro o fuera de la isla, yo tenía muchas cosas que hacer, y las haría, las haré y las sigo haciendo. No me va a detener un mero cambio geográfico.

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Un comentario el “Posgrado y emigración en Cuba: entre el ninguneo y la sospecha

  1. juan
    julio 2, 2015

    Cool story, bro.

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Esta entrada fue publicada el mayo 23, 2015 por en Autores, Entrevista.
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