El Jardín de Academos

Cuaderno de Crítica y Poesía

Sobre exégesis y “años cero”: distintos modos de evitar el rigor*

1. Sobre los conceptos de “generación” y “grupo”

En el ámbito cultural cubano está teniendo lugar desde hace unos años un fenómeno, dentro de las propias antologías publicadas en la isla, que fusiona a muchos de los autores que conformaban la supuesta generación de los noventa, nacidos la mayoría a partir de 1970 (José Félix León, Liudmila Quincoses, René Coyra…) con los que han nacido a partir de la década del ochenta (Legna Rodríguez, Gelsys M. García, Sergio García Zamora…) (1), lo cual evidencia que los límites entre unos y otros cada vez son más difusos y difíciles de señalar, principalmente por la amplia variedad y las diferencias ya no generacionales, sino dentro de una amplia pluralidad. Si bien es posible hacer distinciones entre unos y otros (más bien temáticas y formales que entre promociones), lo cierto es que cada vez las compilaciones y muestrarios líricos cubanos los hacen convivir en un mismo volumen como si de un mismo corpus se tratase. A pesar de ciertas diferencias, es más lo que tienen en común, que lo que los singulariza. Y el elemento que más los asemeja es precisamente la tendencia a la individualidad y a la dispersión. Más que de grupo o generación habría que hablar, a partir de los años ochenta en Cuba, de una eclosión que tiende a la diseminación, a la variedad formal y temática y sobre todo a la anulación de todo meridiano (2). Jamila Medina habla de la relación entre los autores de los noventa y los nacidos en los ochenta argumentando que:

[…] bien alejados del concepto generacional de Ortega y Gasset o José Antonio Portuondo, los 90 y los años 0, esas dos décadas abiertas, a su decir o al de la crítica, comparten varias carencias voluntarias: ni liderazgos ni amansamientos grupales ni debate ni choque generacional ni evento polémico ni plataforma ideoestética ni utilidad ideológica ni manifiesto literario. Incertidumbre, desequilibrio y sangres, más bien diluidas […]. Ambas décadas conciertan en ciertos rasgos posmodernos: difuminación del enunciador, fragmentación, versolibrismo y experimentación con rimas y formas estróficas tradicionales. (Medina 13)

Para entender el concepto de “generación cero” (3), que vengo escuchando al menos desde 2002 (4), habría que partir de un presupuesto y una distinción que no he percibido en los altavoces del rubro: cuando se habla de “generación cero” no creo que se refieran a un grupo generacional, sino más bien a un grupo a secas, al que se pertenece o no, en el que algún supuesto crítico puede incluir a alguien o no. Ahmel Echevarría, uno de los primeros en utilizar el término, reconoce esta confusión entre grupo y generación y explica que “Generación Año Cero, no era el nombre de una generación sino de un grupo”, en la entrevista “En cada libro cambio de rostro” realizada por Laura. V. Sández y publicada en Diario de Cuba el 1 de febrero de 2015.

Hay una serie de líneas temáticas, poéticas, escriturales vivas hoy mismo en Cuba que no aparecen en las muestras o en  lo que supuestamente el concepto “generación cero” abarca. Esa parcialidad apunta más a grupo e impide que podamos hablar de generación, pues, como argumenta el poeta Michael H. Miranda, en “la antología Distintos modos de evitar a un poeta, preparada por Lizabel Mónica […] lo que leemos creo todavía no alcanza para definirlo como generación” (5).

2. Sobre prólogos y tendencias críticas

En el prólogo de Lizabel Mónica a su propuesta de antología (titulada Distintos modos de evitar a un poeta), la propia autora afirma que dicha “antología recoge piezas de los exponentes más notables de entre los poetas jóvenes que comenzaron a publicar a partir del año 2000” (Mónica 6), exponentes más notables entre los que la propia autora se incluye. Semejante afirmación tan rotunda no cuenta con la justificación analítica necesaria en el difuso texto de Mónica. La yuxtaposición de autores en un volumen que no llega a justificarse crítica ni conceptualmente es el resultado de una ya larga tradición en el ámbito insular de acumular textos y nombres sin exponer o justificar consecuente y coherentemente la muestra.

Falta ese grupo de estudiosos que vaya más allá de lo que repiten dos o tres autores y encuentren, dentro del cúmulo de publicaciones del momento, las líneas temáticas y formales que caracterizan a la lírica cubana escrita entre 1990 y el presente, y que no se conformen con los catálogos casi interminables que desde hace lustros las editoriales cubanas suelen presentar.

Falta, desde finales de los ochenta hasta el presente, una antología semejante a Cincuenta años de poesía en Cuba o Diez poetas cubanos, ambas de Cintio Vitier. Lo más semejante a las mencionadas que se ha hecho en los últimos años son Las palabras son islas (La Habana: Letras Cubanas, 1999) de Jorge Luis Arcos y Otra Cuba secreta de Milena Rodríguez (Madrid, Verbum, 2011). Podría destacarse además el trabajo de Jesús J. Barquet y Norberto Codina en Poesía cubana del siglo XX (México DF: Fondo de Cultura Económica, 2003) principalmente porque se dan a la tarea (tan rara hoy) de justificar la selección y de describir las principales líneas de creación que ellos consideran y que detectan en la lírica cubana.

Las antologías que recogen a los poetas nacidos en la isla a partir de 1970 son más bien catálogos interminables donde no se persigue en absoluto la emisión de un criterio, de una línea temática o investigativa, sino más bien incluir indiscriminadamente a todo aquel que escriba versos y haya nacido en cualquier rincón de la isla. Ha faltado la selección representativa, el análisis, la decantación y en general sigue siendo esta una carencia.

Es ahí donde debió entrar Distintos modos de evitar a un poeta, una selección que, a diferencia de los largos catálogos aludidos, presenta a 25 autores. Pero su fallo no está en la cantidad, sino en el modo en que se presenta y prologa. En una entrevista en Diario de Cuba hecha por Enrisco a Lizabel Mónica, la compiladora de Distintos modos de evitar a un poeta expresa:

[…] la [generación] nuestra, salvo las compilaciones aparecidas en las revistas de circulación alternativa mencionadas, no ha tenido hasta el momento un gesto similar. Distintos modos de evitar a un poeta es ese gesto.

[…] no diría que somos una comunidad, pero sí puedo asegurar que cada uno de los poetas que aparecen en Distintos modos… conoce la obra del resto de los autores con quienes comparten espacio en este libro. Los nombres en el índice reproducen una lista que cualquiera de nosotros puede mencionar de memoria: “los que han escrito algo en la última década que valga la pena recordar”, como diría uno de estos autores.

El volumen Distintos modos… (que no llega a ser siquiera una antología orgánica ni una propuesta funcional en tanto libro) pudo haber sido “ese gesto”, pero no lo fue. No es cierto que estos autores “permanecen al margen de revistas oficiales y medios de prensa” (según Mónica en la entrevista de Enrisco) ni que los narradores antologados por Orlando Luis Pardo Lazo en Nuevarrativa de la literatura cubana e-mergente sean unos “expulsados o auto-excluidos de algunas instituciones cubanas según sus bizarras biografías”, como asegura Pardo Lazo en su prólogo (6); todo lo contrario, muchos de ellos aparecen de forma continua y reiterada en las publicaciones periódicas cubanas, que además se hacen eco de sus premios y sus presentaciones. Que sea esta una muestra de “los que han escrito algo en la última pena que valga la pena recordar” no se demuestra con los argumentos contradictorios de Lizabel Mónica. Una afirmación como esta parece más bien apresurada, pueril e imprudente. En realidad, al leer el texto que debió funcionar como prólogo, uno tiene la impresión de que, en lugar de los autores de la muestra, Mónica se refiere a la “generación” que ella desearía o que imagina para el futuro (7). Si estos autores han escrito textos que puedan considerarse perdurables, no creo que se deba a pertenecer a un grupo de dudosa existencia y morfología, sino que, como explica Yanelys Encinosa Cabrera en su artículo “¿Generación 0? La generación des(re)generada”:

[…] si los autores que nacimos a la vida literaria en la primera década del siglo fuéramos una “generación” por coincidir en el momento de emergencia y representar el espíritu de una época, entonces esta “hornada” sería  des-generada —que no bastarda ni envilecida—, en lo referente a afiliación, cohesión y asociación, sin voluntad grupal, ni cacicazgos, ni cabecillas visibles, sin postulados ni abanderamientos comunes a unos pocos elegidos. Y si unos nombres resaltan es por su estilo propio, diferente, autónomo, sin escuelas ni cohortes que le hagan coro. Los escasos intentos de postulaciones grupales no han resultado aún significativos a escala colectiva.

Aunque algunos estudiosos como Walfrido Dorta declaran que no les interesa el aparataje crítico que se mueve alrededor de estas antologías, a mí sí me preocupa, sin embargo, el modo en que las selecciones son presentadas y explicadas. No por saber quiénes o por qué aparecen o no, algo que a estas alturas considero secundario; sino para constatar hasta qué punto el criterio del antologador se relaciona con su selección. Sigo creyendo que  la principal limitación de estas antologías y muestrarios es querer hacer creer que es una generación lo que es o persigue ser un grupo (8), o que estos autores son los más representativos de los últimos veinte años (Mónica 6). Esas no me parecen estrategias de promoción válidas ni dignas de tomar en cuenta, en tanto faltan a la verdad y desvirtúan una realidad poética que desborda los gustos y los intereses de unos cuantos. Generalizar toda una promoción en dos o tres características de unos cuantos y reducirlas a “una literatura que se acerca a los nuevos medios” (Mónica 8) sin tener en cuenta la amplísima variedad de intereses formales y conceptuales en el ámbito escritural cubano no me parece un procedimiento analítico atendible, más bien es ese un gesto totalitarista que refleja el mismo totalitarismo que combate. Como llega a reconocer Ahmel Hechevarría en la entrevista que le realiza Laura V. Sández (citada al inicio  de este artículo), el término “generación cero” “era para salirse de la idea de generaciones” y terminó generalizándose arbitrariamente.

En contra de esas generalizaciones y del supuesto “cansancio de la poesía” (Mónica 7)  parece escribir Yanelys Encinosa Cabrera al señalar que:

La existencia cada vez más generalizada de lo transgenérico [y lo digital, agregaría yo], no anula sin embargo, las búsquedas de quienes trabajan aún con las formas clásicas, la métrica tradicional, los que indagan en lo lírico y lo establecido como poético: puede degustarse una atrevida décima, una glosa, un soneto, metros antiguos revitalizados, que también exhiben lozanía y que amén de los embistes del verso blanco, por fortuna, se resisten a morir.

Por otra parte, aglutinar “a los autores, a sus miembros no por edad sino por el año en que estos empiezan a publicar: el 2000” (Mónica en entrevista de Enrisco) es una justificación poco convincente, pues sin duda puede haber y hay autores que comenzaron a publicar en los años noventa y que se relacionan con los que publican a partir del año 2000 tanto formal como temáticamente y de ese modo quedan fuera. Un ejemplo más que ilustrativo de exclusión  por haber publicado su primer poemario en los noventa y no después de 2000 es Javier Marimón, con una fuerte presencia lírica en medios digitales como Facebook, en donde ha publicado directamente muchos de los textos de dos de sus libros en proceso de creación (uno de pequeñas prosas llamadas sinalectas y otro de poemas breves). Marimón explica que “absolutamente todo lo que he escrito en más de un año ha sido escrito directamente en Facebook, a veces los guardo en drafts y los termino luego”. El escritor cubano radicado en Puerto Rico confiesa que “en su casi totalidad los poemas se escriben en el momento” y, gracias a la posibilidad de edición de los post y comentarios en Facebook, “siempre edito los textos una vez publicados, varias veces incluso”. Al pasar unos meses, “recopilo entonces desde Facebook todos los textos y los pego en un documento de word, y a veces los edito de nuevo un poco si es necesario. Así que el proceso es como al revés” (9). No tener en cuenta a un poeta como Marimón en un análisis poético que priorice lo visual y los mass media dentro del ámbito cubano actual por haber publicado su primer libro antes de 2000 no es nada producente.

La otra contradicción sustancial que encuentro al confundirse generación con grupo es que se pueda interpretar que dentro de toda una generación “en algún punto de sus meteóricas carreras se han llamado a sí mismos así: Generación Año Cero. Siendo un fenómeno ante todo urbano” (Pardo Lazo en su “Prólogo”). Esta confusión se aclara (o continúa) cuando Jamila Medina se distancia de las posturas que hemos señalado y se refiere a los “años cero” (y no a generación o a grupo) diciendo que no cree “en r/de-generaciones sino en estados poéticos” (Medina 12), además de considerar el fenómeno literario desde los noventa hasta el presente de alcance nacional, diaspórico, sin límites geográficos tampoco (Encinosa) y no “ante todo urbano”, como afirma Pardo Lazo (10).

Lizabel Mónica insiste una y otra vez en la importancia de los mass media y su influencia en la literatura cubana actual, y llega a decir que “en los últimos diez años [2002-2012] los jóvenes cubanos han estado expuestos a las mismas referencias globales a que han estado expuestos los jóvenes en otros lugares del planeta” (Mónica 9), a lo que un autor que se encuentra dentro de los antologados como Michael H. Miranda acota: “¿cómo hablar de lo post-mediático en los casos de poetas que viven en el oriente de la Isla en una condición pre-mediática? ¿Y de lo digital, si no se tiene acceso a una computadora o un teléfono celular todavía, no digo ya a un kindle?” Este es un ejemplo del divorcio que evidencio entre algunos de los propósitos programáticos de Lizabel Mónica para hablar del “cansancio de la poesía” y tender a una supuesta hibridez performática entre las distintas artes, que para nada es hoy mismo generalizada en Cuba.

Michael H. Miranda, además, menciona (con respecto al grupo que pretende englobar el término “generación cero”) que “en cuanto a los peligros, el principal es lo que deja fuera, lo que no se acomoda a los presupuestos fijados y queda en un no-lugar cuando esa propuesta de generación intenta ser canónica. Y el otro es las generalizaciones que terminan entrando en contradicción con los rasgos de esa generación.”

Las posturas generales de la crítica ante la nomenclatura que debatimos son esencialmente (1) asumir el término “generación cero” sin cuestionarlo o definirlo previamente y, por tanto, sin saber a ciencia cierta a qué se refieren (pues ni los antologadores ni los autores lo tienen claro); o (2) desestimar toda taxonomía y dedicarse a analizar a los autores jóvenes cuyas obras recientes les parecen valederas por sus planteamientos y sus contenidos.

Pero en cuanto a la taxonomía, creo que los textos de Jamila Medina y Yanelys Encinosa (ya citados) son capitales. En el primer caso, por hacer un amplio y a la vez rápido repaso a las diferentes líneas temáticas y formales de la poesía cubana de los últimos años, y en el segundo por cuestionar la existencia de una “generación cero” con argumentos detenidamente razonados y por dedicarse más bien, no a limitar sectariamente un amplísimo panorama, sino a tratar de establecer un diálogo intergeneracional y a detectar los grandes núcleos de interés de los autores que han comenzado a publicar en las últimas décadas en Cuba.

3. Dispersión in crescendo

La  conclusión a la que personalmente he podido llegar al entrevistar a algunos de los autores que suelen ser englobados en este rubro y al leer los prólogos y paratextos más o menos programáticos que abordan el término “generación cero”, es que no se trata de una generación (si somos rigurosos al utilizar los términos) sino más bien de un grupo hecho a partir de afinidades formales, temáticas o arbitrarias a partir de los propios gustos de los antologadores o con el propósito de dar a conocer fuera de Cuba a una serie de autores que consideran merecen reconocimiento y lectura. Un grupo, eso sí, cuyos integrantes a veces no se identifican como parte del mismo, o les da igual pertenecer o no a él, o consideran los asuntos generacionales “bobadas” y “tonterías”. Quizá, como ha sucedido con el grupo Orígenes, dentro de algunas décadas se utilice el término para hablar de una supuesta y hoy cuestionable “generación cero”, pero actualmente, a partir de lo que piensan los autores y lo que argumentan los prologuistas, el uso del término es ambiguo y difuso, se refiere tanto a un supuesto grupo de autores y amigos (según Pardo Lazo, Amhel Echevarría, entre otros) como a una serie amplísima de “estados poéticos” en época de descentralización y desclasificaciones (según Encinosa y Medina). Estas últimas autoras, cuando quieren dar una mirada panorámica, inclusiva y más amplia de la literatura cubana escrita en las dos últimas décadas se alejan y evitan el término “generación cero”, prefieren hablar de “naturaleza inasible: una fractura que rechaza ser mirada como composición” (Medina 13) o de “multiplicidad” en “sus atmósferas y ambientes, que [de] las definiciones claras de sus actores” (Encinosa).

La amplia comunidad de autores cubanos pretende indagar, buscar caminos, transitar viejas y nuevas vías, expresarse de distintos modos. No dan nada por encontrado, por absoluto, por verdadero. La propia historia como constructo, su canto mítico, las supuestas “verdades” que en los sesenta parecían incuestionables han caído solas, una a una. Y entre los escombros se mueven, nos movemos, revisamos, cada uno de forma individual muchas veces, dentro y fuera del país. Pues, como asegura el poeta Michael H. Miranda, “la dispersión es completa e in crescendo”.

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Notas:

* Este artículo es una versión resumida de un estudio más amplio publicado en el número 83-84 correspondiente al año 2016 de la revista académica Inti bajo el título “Poiesis, taxonomías y ‘años cero'”.

(1) Entre dichas antologías que reúnen a los autores nacidos en los setenta y ochenta, algunas de las más recientes son la organizada por Luis Yuseff y Yannier H. Palao La isla en versos. Cien poetas cubanos. Holguín: Ediciones La Luz, 2011 y 2014 y el volumen compilado por Roberto Manzano y Teresa Fornaris (comps.) El árbol en la cumbre. Nuevos poetas cubanos en la puerta del milenio. La Habana: Letras Cubanas, 2015.

(2) Sobre algunas de las líneas que considero fundamentales en la poesía cubana  de cambio de siglo, así como sobre algunos de sus representantes que me parecen  más significativos, puede leerse el artículo “(Des)articulaciones: poesía cubana de cambio de siglo”, publicado el 4 de mayo de 2014 en Diario de Cuba: http://www.diariodecuba.com/de-leer/1399192722_8425.html

(3) También algunos autores como Orlando Luis Pardo Lazo y Ahmel Echevarría suelen denominarla “generación año cero”.

(4) La primera vez que escuché el término fue en 2002 en las aulas del Centro Onelio Jorge Cardoso, creo recordar que en boca del narrador Raúl Aguiar para referirse a autores como Michel Encinosa, Jorge E. Lage y Raúl Flores. Con respecto a la génesis del término, e interrogado por Rafael Rojas en el Congreso LASA 2015 el 28 de mayo de 2015, Orlando Luis Pardo Lazo explicó que quien habló por primera vez de “generación cero” fue la narradora y poeta Polina Martínez Shviétsova. Por otra parte, Yanelys  Encinosa explica el origen del término en su artículo “¿Generación 0? La generación des(re)generada” dicendo que: “en la primera década del milenio tres jóvenes escritores: Ahmel Echevarría, Orlando Luis Pardo y Lizabel Mónica comenzaron a formular la idea de “Generación 0” para caracterizar principalmente desde la narrativa, la propuesta estética de su producción y la de algunos de sus contemporáneos. A partir de ahí afloraron los comentarios y generalizaciones sobre dicho título, para referirse a la literatura escrita en los años 2000 por autores cuya obra empezaban a visibilizar las editoriales nacionales, a través del sistema de premios y la labor promocional de la Asociación Hermanos Saíz. El término comenzó a circular en el terreno literario impulsado por algunas opiniones de la crítica y se extendió a la poesía de esa hornada nacida con la centuria”.

(5) Para el presente artículo han sido entrevistados algunos de los autores antologados en el volumen de Lizabel Mónica Distintos modo de evitar a un poeta. Guayaquil: El Quirófano Ediciones, 2012. Los autores respondieron a la pregunta “¿Te consideras parte de lo que algunos denominan “generación cero”? ¿Por qué?” a través del correo electrónico. En algunos casos cito directamente a ciertos entrevistados de manera directa (Michael H. Miranda, Pablo de Cuba Soria, Luis Yuseff, Legna Rodríguez, Nara Mansur y Yunier Riquenes) y en otros recojo algunas opiniones generales coincidentes dentro de una parte considerable de ellos.

(6) Véase el prólogo de Orlando Luis Pardo Lazo en: http://www.sampsoniaway.org/literary-voices/2013/07/29/generacion-cero-nuevarrativa-en-la-literatura-cubana-e-mergente/

(7) Principalmente en momentos en que la autora afirma, por ejemplo, que “la intertextualidad dinámica (léase participativa, abierta a la opinión de otros y a la intervención de los otros en lo creado y en el acto mismo de crear), la intención de trascender la noción de literatura como un acto estético y acercarlo a la noción de acción, en aras de describir un recorrido similar al que hace algún tiempo viene realizando el arte contemporáneo” (Mónica 8) son características de “la cosmovisión que une a estos autores” antologados, algo que no me parece cierto si hablamos de Leymen Pérez, Marcelo Morales, Pablo de Cuba Soria, Michael H. Miranda, Daniel Díaz Mantilla, entro otros. Creo que Mónica generaliza las características de algunos de los autores de su muestra y de los propósitos de algunos de sus proyectos personales para hablar de toda una generación de autores, lo cual me parece inapropiado y poco serio.

(8) En el prólogo a Nuevarrativa…, Orlando Luis Pardo Lazo refiere que “algunos nuevos nombres se han sumado a la Generación Año Cero (Jamila Medina, Anisley Negrín, Arnaldo Muñoz Viquillón, Legna Rodríguez y Evelyn Pérez, por ejemplo)”, por lo que podría suponerse que habla de “generación cero” como grupo, al que se pude entrar o del que se puede salir, pero más adelante asegura que “se trata de una generación de cubanos que parecen esquivar el clásico concepto de campo literario”, por lo que en su introducción a los narradores confunde generación y grupo. También algunos críticos como Rafael Rojas se han hecho eco de esta confusión entre generación y grupo en artículos como “Hacia la ficción global” publicado este en su blog Libros del crepúsculo el 13 de abril de 2014. La confusión se da al Rojas comenzar diciendo: “algunos estudiosos de la literatura cubana en Estados Unidos, como Rachel Price y Walfrido Dorta, han llamado la atención sobre la emergencia de una nueva generación de escritores en la isla” y al hacer coincidir más adelante en su texto esta “generación” con “una temporalidad llamada “siglo XXI” o “generación año cero”, al decir de Orlando Luis Pardo Lazo, que absorbe los viejos contenidos territoriales que se atribuían a términos como ‘la isla’, ‘el exilio’, ‘la nación’ o ‘la diáspora’”. Puede consultarse el texto de Rojas en:    http://www.librosdelcrepusculo.net/2014/04/hacia-la-ficcion-global.html?spref=fb

(9) La página personal del autor en Facebook en la que ha publicado muchas de sus sinalectas (pequeñas prosas) y de sus poemas breves directamente es: https://www.facebook.com/pepe.pepep.37?fref=ts. Sobre la relación de su lírica con Facebook, el poeta responde en entrevista a través del correo electrónico: “absolutamente todo lo que he escrito en más de un año ha sido escrito directamente en Facebook, a veces los guardo en drafts y los termino luego. Ahora mismo tengo como 15 drafts, por ejemplo, pero en su casi totalidad los poemas se escriben en el momento, fíjate que Facebook lleva hasta un historial de ediciones y siempre edito los textos una vez publicados, varias veces incluso, pero siempre el mismo día o par de días después. Cuando pasa un tiempo, generalmente 4 o 5 meses, recopilo entonces desde Facebook todos los textos y los pego en un documento de word, y a veces los edito de nuevo un poco si es necesario. Así que el proceso es como al revés”.

(10) La aseveración de Pardo Lazo no parece válida siquiera para la muestra de narradores que él presenta, ya que incluye autores de provincia y de zonas rurales.

Obras citadas:

  • Encinosa Cabrera, Yanelys. “¿Generación 0? La generación des(re)generada”. La letra del escriba. No. 119. Octubre 2013. Web. 13 de julio 2015.
  • Enrisco. ‘Distintos modos de evitar a un poeta’ (entrevista). Diario de Cuba. 2 de nov. 2012. Web. 13 de julio 2015.
  • Marimón, Javier. Entrevista vía email. 14 de julio de 2015.
  • Medina Ríos, Jamila. “ABCDesmontaje. Los años cero y yo: este cadáver feliz”. La gaceta de Cuba. No. 4, 2012, 12-14.
  • Miranda, Michael H. Entrevista vía email. 12 de julio de 2015.
  • Mónica, Lizabel (comp.). Distintos modo de evitar a un poeta. Poesía cubana del siglo XXI. Guayaquil: El Quirófano Ediciones, 2012.
  • Pardo Lazo, Orlando Luis. “Prólogo a Generación año cero: nuevarrativa en la literatura cubana e-mergente”. Samponia Way. 29 de julio 2013. Web. 14 de julio 2015.
  • Sández, Laura V. “En cada libro cambio de rostro” (entrevista a Ahmel Echevarría). Diario de Cuba. 1 de febrero 2015. Web. 14 de julio 2015.

 

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Esta entrada fue publicada el febrero 1, 2016 por en Autores, Crítica.
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