El Jardín de Academos

Cuaderno de Crítica y Poesía

Rococó indómito

La casa por dentro (Ed. Silueta, 2015) constituye la tercera y última parte de la trilogía lírica escrita por René Rubí Cordoví (La Habana, 1966) que da inicio a la obra poética de este autor. Preceden a esta última parte los poemarios En el cuerno de caoba (Ed. Unión, 2014) y Rostro, todos los arpegios  (Ed. Extramuros, 2001) que mereció el Premio Luis Rogelio Nogueras en el año 2000.

En un rápido resumen, podría decirse que el tríptico abarca la multitud, el individuo y lo divino. Y si bien ese es el orden prioritario en que cada uno de estos elementos se revela en cada volumen de forma respectiva, los tres temas están presentes en cada uno de los libros. Basta leer el poema inicial de La casa por dentro para ver el valor que sigue teniendo el éxodo que se lee en el texto pórtico, en la “larga marcha” de En el cuerno de caoba.

Toca a este último poemario concentrarse en la divinidad que se confunde con el yo, con ese Yo Soy que nombra también al dios que nos habita, que diviniza todo el entorno, hasta la propia enunciación sin que lo doméstico pierda un cierto tinte de libertad, de desenfado, más bien lo divino en este caso lo acentúa. La risa de Changó, la pasión de Cristo, la danza de Obbatalá en un mismo cuerpo escrito. Una escritura a su vez que se confunde con el entorno cotidiano o natural, que no se diferencia del constante fluir circundante.

La casa por dentro es un libro de ritmo e imagen. Los dioses ancestrales que en él son evocados y la transfiguración del yo poético en daimon habitan la ritmicidad de este cuaderno. La metáfora es en sus versos respiración, compás que conjuga aliento y escritura.

También este es un libro panteísta, inclusivo, en las formas y en los temas. Es la primera vez que René publica una serie de textos relacionados con los “orishas” o dioses afrocubanos (un tema de investigación que le es cercano) y también la primera vez que recoge algunas décimas, una estrofa muy arraigada en el ámbito popular cubano. En esas décimas, que conforman una de las secciones del libro (titulada “Patio, juegos, glorieta”), lo lúdico se conjuga con imágenes en encabalgamientos que evidencian que la casa de René es en realidad el camino. La casa continúa por fuera. La casa de René es el mundo. Su patio abarca todos los dioses, los bosques, los mares, los ríos.

La primera sección del poemario se llama “Para llegar a la casa” y la última “Saliendo de la casa”: los significados de entrar y salir entonces se confunden. Más que morada en estos poemas hay tránsito. Éxodo y regreso son las puntas de un mismo, largo,  remoto hilado que surge “desde la humana mano que escribe, que piensa” (83).

Más que dividido en secciones, este libro está conformado por espacios, es una especie de topología espiritual. El más importante de ellos está anunciado desde el título: es la casa. Esta ocupa la sección central, con el mismo título que el libro.

Descubrimos también en este cuaderno a una primera persona con cierta ironía nada común en los poemarios anteriores de Rubí (“Apegos”). Si bien es cierto que la yuxtaposición de imágenes es uno de los recursos que caracteriza en general a la poética de Rubí, La casa… tiene una sintaxis más explícita, más claras definiciones, a veces incluso imágenes con un toque minimalista, casi rococó en el uso del diminutivo que, sin embargo, no pierde cierta esencia silvestre. Rococó indómito que comulga con la simplicidad del gesto, del trazo en un paisaje japonés.

Al salir de la casa también nos encontramos con los textos cortos que conforman la sección titulada “Estanque”. Una simplicidad que se confunde con el breve suspiro. La imagen, la conceptualización, la metáfora de la rosa vuelta ciudad o del nenúfar-violín duran apenas un compás de la sangre.

La comunión con la divinidad deviene calvario, padecimiento, crucifixión en la última parte del libro titulada “Saliendo de casa”, donde a Yemayá se suma entonces el joven Raskolnikov. Porque el carácter inclusivo y panteísta del libro también está y consiste en unir lo afrocubano y lo ruso, su danza incluye la nieve de Siberia y el Mar Caribe.

Cuerpo, soplo, habitáculo, vida: “el aire que entra, el aire que sale,/ el aire que entra, el aire que sale”; ahora le toca al siguiente lector respirar, dejarse recorrer por estos hilos de viento entretejido que, como una pedrada invisible, penetran el pecho de casa.

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Un comentario el “Rococó indómito

  1. Yumary Alfonso Entralgo
    febrero 11, 2016

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Esta entrada fue publicada el febrero 10, 2016 por en Autores, Crítica.
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