El Jardín de Academos

Cuaderno de Crítica y Poesía

Félix Hangelini, contra todo impasse

Estoy en la ciudad de México y hace sol. Una temperatura de 23 grados Celsius. Afuera de mi habitación de hotel se escuchan pregoneros, coches, música callejera, silbatos de tránsito, alarmas… Una catedral de ruidos y murmullos y ajetreos fónicos. Por la ventana puedo ver los edificios coloniales, entre la sombra y el resplandor del día, y a los transeúntes caminar por las amplias aceras, entre coloridas tiendas y pequeños puestos de comida.

Sobre la cama están tus libros, los que fui editando uno a uno después de tu asesinato en esta misma ciudad, hace ya casi seis años. Es mi modo de devolverte a un espacio en el que sentiste un impasse que te dejó congelado, detenido para siempre, con tus 34 años que parecían 22. Pero en la palabra, antes oculta con el mayor de los celos por ti, y ahora impresa y revisada por mí, creo encontrar el modo de romper esa falta de progreso, de solución; tu literatura, hipercinética, que simula un viaje por entre desfiladeros y autopistas al borde del abismo, bien puede competir con la desmesura y el caos que percibiste en esta ciudad.

Como estatuas votivas donaré estos ejemplares por entre las bibliotecas mexicanas. Y alguien, en medio de la monumentalidad sonora y arquitectónica del DF, leerá alguna vez tus páginas en una urbe a la que ahora regresas, sin impasse, como un fluido que solo las palabras logran reflejar de algún modo. Otra puerta Electra, en la que todo puede ser como un comienzo, como “un nido de vastedades sucesivas”.

Estoy en la ciudad de México y veo, al fondo de la calle, mientras estornudo por la alergia repentina, una de las torres de la Catedral del Zócalo. Avenidas que me recuerdan algunas de Atenas, La Habana, Roma, Lima, el viejo San Juan, Madrid… El buen día y algunos amigos que me esperan son la excusa perfecta para comenzar a zigzaguear por estas calles. Romper el impasse. Romper todo impasse. Que tu vida, truncada hace casi seis años, vuelva a estas aceras junto a mis pasos, “entrando triunfal como un silbo a punto de desaparecer”. Mas me pregunto, antes de cerrar la puerta, ya que de imposibles va la cosa, qué habría sido de tu vida si hace seis años, una tarde como esta, hubieras salido a caminar la ciudad en lugar de quedarte recluido en tu habitación.

 

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Esta entrada fue publicada el febrero 23, 2018 por en Uncategorized.
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